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Racionalidad
y Teoría Social - El aporte hermenéutico (
Graciela Fernández )
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Con los términos "ciencia social" y "teoría social" me referiré, en lo que sigue, al amplio conjunto de teorías involucradas en el antiguo nombre de Geisteswissenschaften , cuya traducción castellana conlleva incluso un álito de mayor anacronismo: "ciencias del espíritu". No estaré, por lo tanto, aludiendo específicamente a la sociología, a pesar de haber tomado el término "teoría social" en vez de "ciencia social", siguiendo la orientación de Anthony Giddens y Jonathan Turner, en su exposición de los debates de la sociología contemporánea. La relación entre hermenéutica y teoría social se ubica en el contexto de problemas del la discusión sobre los métodos en ciencias naturales y ciencias sociales, que se hizo popular bajo la ya clásica denominación Erkleren - Verstehen Kontroverse. Después de cien años de literatura alrededor de este tema, estamos hoy en posesión de muchas más incertidumbres acerca de los supuestos iniciales que originaron la famosa y larga polémica. Esto quiere decir: no es tan clara la diferencia entre "natural" y "social" y tampoco se entiende de suyo que la "interpretación" sea un patrimonio de las ciencias sociales. Conmovidas por las discusiones internas de la física y las discusiones epistemológicas de las últimas tres décadas, las ciencias naturales han perdido su imagen monolítica. Las ciencias sociales, por su parte, se debaten en una formidable multitud de paradigmas en conflicto, cuyos lenguajes--auténticamente inconmensurables -- carecen de puntos en común, incluso en la definición de su objeto. Pensemos, por dar un sólo ejemplo, breve y dramático, en los abordajes teóricos y prácticos de la psicología y el psicoanálisis. En cuanto a la sociología, Guidens y Turner reconocen que la teoría social aparece actualmente como una empresa sumamente variada donde existen desacuerdos básicos acerca de cuestiones fundamentales; qué tipo de ciencia social es posible, cuál debería ser su objeto, que métodos deben sancionados, etc. La teoría social -- afirman estos autores-- se encuentra en estado de "fermentación intelectual". Muchos de los que reflexionan sobre este fenómeno de discusión y desacuerdo, consideran que éste no es sorprendente y ni siquiera objetable, mientras que otros ven en ello un síntoma de confusión y estancamiento. Es una característica de nuestra época la pluridimensionalidad de los enfoques teóricos y cierta predisposición de los investigadores para discutir sus creencias básicas. Quizás estos elementos están aludidas en el tan anunciado fin de las ideologías. Frente a este complejo mundo de teorías en conflicto y de desacuerdos básicos quizás convenga replantearse seriamente el sentido aristotélico de la primacía de la Política sobre todas las formas de la praxis social, y no resulte ocioso recordar el viejo mito de Prometeo que Platón relata en el Protágoras. Los dioses adjudicaron a Prometeo y a Epimeteo la tarea de distribuir los dones a todas sus criaturas. Epimeteo tomó para sí el trabajo, dejando a Prometeo la tarea de la inspección posterior. A algunas especies les dio la fuerza, a otras la habilidad para esconderse, y todas las facultades y dones fueron bien esparcidos. De este modo quedó asegurada la supervivencia de todos los animales. Pero cuando ya no quedaba nada, Epimeteo --que no era demasiado listo-- advirtió que ya no había dones para los hombres, criaturas desnudas, sin abrigo ni garras. Entonces, Prometeo concibió la idea de arrebatar algunos secretos a los dioses para proveer con ellos al desguarnecido humano. De Atenea extrajo el secreto de las artes: así los griegos tuvieron a Fidias y, andando el tiempo, el hombre construyó las más bellas catedrales que probablemente existan en el universo. A Hefestos le robó el fuego, que sirvió para calentarnos, inventar el arte culinario, las cerillas y la bomba atómica. Pero fracasó cuando intentó penetrar en la Acrópolis, donde moraba el propio Zeus, para llevarse el secreto de la política, custodiado por formidables centinelas. Y de ahí que el hombre se quedó para siempre sin el conocimiento más preciado, el del arte político, y se vió condenado a la guerra y a la dispersión. Más tarde Zeus se compadeció y envió a Hermes, quien trajo el pudor y la justicia reparando, solo en parte, aquella carencia eterna, producto de nuestra fallida constitución original. El arte de la política quedó guardado en el Olimpo porque el robo más fantástico de la historia no pudo superar las fuerzas policiales del orden cósmico. Así Protágoras concluye: cuando se trata de hablar de arquitectura, o en general de artes, todos aceptan que el consejo debe provenir de los expertos; pero en lo tocante a la política, a la justicia o al pudor, todos estamos convencidos de que nos asiste el derecho a opinar, y esto debe ser así, para que la existencia de la ciudad sea posible. Cumpliendo el curso histórico del viejo mito, en la actualidad se admite que la teoría social no es propiedad exclusiva de los expertos de alguna disciplina en particular. Las diversas y complejas cuestiones que atañen a la vida social y a las producciones culturales, involucran al conjunto de la interdisciplina científica. El debate de estas últimas décadas puso en claro que la "objetividad” --una palabra que inventaron los filósofos a principios del siglo XIX-- no es patrimonio de un método específico de las ciencias naturales. Por otra parte, para balancear las opiniones incialmente en conflicto, existe un consenso extendido acerca de que la operación del "Verstehen", no puede ser presentada como una actividad de la sujetividad empática, con base psicológica, porque ello es inútil como fundamento explicativo. En el proceso curioso que
se ha dado en las últimas décadas, la filosofía ha ingresado en el
moderno concepto de interdisciplina, (especialmente solicitada, en
tanto Etica), sin necesidad de ocultar su raigambre a-científica o
pre-científica, es decir, simulando cada vez menos un carácter
"riguroso", o incluso de "científico" que no posee. Un famoso artículo
de Stephen Toulmin "De cómo la medicina salvó a la ética" pone de
relieve un fenómeno singular: el reconocimiento social alcanzado por
la filosofía frente a los problemas creados por la tecnología biomédica.
Hoy se comprende extendidamente que disciplinas como la Bioética,
la Ecología, las Ciencias de la Comunicación, el Urbanismo, etc.,
no son patrimonio de una sola ciencia y atañen a un conjunto
de cuestiones tan complejas, como complejo es el objeto social que
abordan. En esas discusiones los filósofos vienen siendo solicitados
por lo que son: amantes de la sabiduría. Se valora su
vieja capacidad argumentadora, su habilidad para problematizar,
para teorizar, para indagar por los principios, para detenerse largamente
en el análisis, en el uso y en la historia de los conceptos y, sobre
todo, para articular saberes. Podemos celebrar que la filosofía haya
logrado llegar sana y salva al fin del milenio, a pesar de que muchos
todavía sientan Horror metaphysicus. En estas últimas tres décadas,
la movida epistemológica ha sido tan fuerte, que es imposible
no reconocer la conmoción que que logrado en todos los frentes.
Es necesario realizar una estricta
separación entre el nivel alcanzado por la discusión filósofica
( en congresos, publicaciones, centros de investigación, sociedades
científicas, debates interdisplinarios, etc.) y lo que, de hecho,
ocurre en la práctica científica y en los centros
de decisión política y presupuestaria, incluidas muchas
unidades académicas universitarias. La multiplicidad de paradigmas
en conflicto que se pone de manifiesto en la teoría social es vista
por sus detractores como un signo de debilidad, y como la confirmación
de su escasa credibilidad "científica". Por distintas razones --sobre
todo políticas-- son muchos los no encuentran saludable la apertura
de posiblidades de la pluralidad de enfoques teóricos de las ciencias
interpretativas. No son pocas las facultades de humanidades
que todavía le temen a la tradición filosófica y muchas
disimulan con el nombre de "epistemología" los más variados programas.
Los gobiernos de facultades como Geografía, Ciencias de la Educación,
Historia y Letras, aspiran muchas veces, con sus programas,
a alcanzar un tipo de "cientificidad", y por lo
tanto de “racionalidad”, que no está a la altura de los
actuales debates teóricos. Muchas de ellas se alejarían
rápidamente del rótulo de "Humanidades", de no mediar las consabidas
trabas burocráticas y presupuestarias. En nuestro medio no pocas
veces se da el caso de que las cátedras de materias filosóficas en
colegios secundarios son dictadas, en gran número, por
profesores egresados de carreras (como Ciencias de la Educación o
Psicología) que han borrado de sus curricula los estudios filosóficos
clásicos (incluyase aquí todas las historias de la filosofía y no
solamente la antigua) y solo conservan alguna epistemología
o metodología. La hermenética, especialmente en la forma en que ha sido desarrollada contemporáneamente en la obra de Hans Georg Gadamer, notoriamente a-científica o pre-científica, ha tenido repercusiones importantes sobre la teoría social y ha contribuido en forma decisiva para ampliar el concepto de racionalidad en ese campo, reincorporando al concepto dominante de “racionalidad” -- fuertemente ligado a los métodos de la ciencia natural-- los estudios filosóficos clásicos y la continuidad moderna y contemporánea de la tradición clásica del pensar. Después de la irradaciòn del pensamiento de Gadamer (y a través de él, la inmensa sombra de Heidegger, Hegel y, todavía más atrás, Platón) los estudios filosóficos clásicos no pueden ser más vistos como una barniz cultura, o una curiosidad arqueológica, fácilmente extinguible de los curricula de las facultades de Filosofía. La hermenéutica de Gadamer ha servido, entre otras cosas, para balancear el peso de una racionalidad descarnada, excesivamente apegada a la lógica formal, a la ciencia positiva, a los métodos, a la cuantificación, al cartesiano ideal de matematización y exactitud, a la “tabula rasa”, a la baconiana guerra contra los prejuicios, al imperio positivo de los fenómenos, a la a-historicidad de la razón, etc., etc. Gadamer ha defendido la "actualidad operante" de los clásicos y su esfuerzo por mantener viva la continuidad de la tradición filósofica debe ser tomado en serio por filósofos y científicos sociales. Frente a la dialéctica “científica”, de corte hegeliano-marxista, ha retomado la dialéctica platónica del diálogo y la pregunta; en el ámbito de la argumentación ha reivindicado el lugar de la retórica para moderar las pretensiones de una ciencia social en la que sea posible, sin restricción, un “diálogo racional libre de coerción”; frente a la voluntad fundamentadora ha sostenido la infinita condición aporética del pensar (y con esto se halla mucho más cerca de su contemporáneo Popper de lo que ambos pudieran desear). En ética ha intentado recuperar la imágenes, la inexactitud y la sabiduría práctica de la ética aristotélica, distanciándose de la pretensión de fundamentación y del procedimentalismo kantiano. En resumen, el aporte de Gadamer a la racionalidad dominante ha resultado esencialmente equilibrador: ha llevado a la práctica la clásica mesotes aristotélica : allí donde las cosas parecían desviarse en un sentido-- como por ejemplo el curso histórico del conceptos de verdad, que Gadamer considera erróneamente ligado a la discusión de los métodos-- ha empleado su esfuerzo racional en el intento por recobrar el equilibrio perdido. ¿Cuál ha sido el aporte de la hermenéutica, tal como la lleva adelante Hans-Georg Gadamer, para la comprensión del status quaestionis del debate "Explicación-comprensión"?¿en qué medida esta influencia permite alacanzar una visión totalizante de las consecuencias político-sociales de ese debate (entre ellas, las mencionadas en la disgresión anterior) y constituye en sí un aporte para una comprensión ampliada de la racionalidad, especialmente aplicable al campo de los estudios sociales? El primer y único escrito sistemático de Gadamer, Warheit und Methode, apareció en 1960, cuando este filósofo tenía 60 años. Ni el título de la obra, ni la fecha de su aparición es casual. En 1959 se había traducido al inglés la Logica de la investigación científica de Popper, y, al traducirse, alcanzaba una real y notoria influencia, que no tuvo mientras la obra permaneció editada en alemán. El libro de Hempel Aspects of Scientific Explanation and others Essays in the Philosophy of Science apareció publicada en Nueva York recién en 1965, pero es una colección de ensayos publicados entre 1945 y comienzos de la década del 60. Como es sabido, Hempel rescataba allí para la sociología y la historiografía la afirmación de Max Weber acerca de que una explicación adecuada de un hecho cualquiera en sociología o historiografía tiene que tener, en esencia, el mismo carácter de subsunción a leyes o principios teóricos que una explicación en ciencias naturales: "En las ciencias naturales --dice Hempel en su artículo "Métodos tipológicos en ciencias naturales y sociales"-- "un hecho particular se explica demostrando que su aparición puede inferirse por medio de leyes o principios teóricos de otras circunstancias particulares que en general los anteceden o son simultáneas. Lo que aclaran los escritos de Max Weber es que una explicación adecuada de un hecho cualquiera en sociología o historiografía tiene que tener, en esencia, el mismo carácter: la visión empática y la comprensión subjetiva no garantizan la validez objetiva, no constituyen una base para la predicción sistemática o la explicación de fenómenos específicos; estos últimos procedimientos deben basarse en principios empíricos generales, es decir, en el conocimiento nomológico." Pero todavía Hempel iba más allá de Weber al sostener que "las limitaciones que Weber propone a los principios explicativos de la sociología de reducirlos a reglas "significativas" de la conducta inteligible, son insostenibles. Muchos, por no decir todos, los hechos de interés para el científico social exigen que para explicarlos se haga referencia a factores 'exentos de significado subjetivo' ”. Y Hempel econtraba una asombrosa base empírica para esta crítica: "Es evidente que este veredicto a priori no puede justificarse y que los recientes progresos de la teoría psicológica y social indican que es posible formular principios explicativos para la acción intencional en términos puramente conductistas y no introspectivos" (sic) . Quizás valga la pena preguntarse en cuáles éxitos duraderos de la teoría psicológica conductista y cuáles logros definitivos de la sociología estaría pensado Hempel en el momento de redactar el artículo, originalmente aparecido en 1952, porque no hace una referencia explícita de ellos . En cuanto a la psicología conductista: ¿aludiría, tal vez, a la obra de Skinner de 1938, The Behavior of Organisms? Cito, a modo de curiosidad, el inicio de un artículo de un defensor moderno del conductismo, George C. Homans, solo para sugerir cuán interpretativa y subjetiva era la "base empírica" con la que argumentaba Hempel. Dice Homans en "El conductismo después del conductismo" "Hubo un tiempo en el que el conductismo , tal como lo formulara por vez primera J.B. Watson y desarrollara con mayor rigor B. F. Skinner, fue tratado como el paria de la psicología y el resto de las ciencias sociales. Sigue siendo un paria en la medida en que Skinner ha continuado manifestando pretensiones exageradas sobre las posibilidad que ofrece el conductismo para crear una cultura mejor" Como se sabe la conjunción Hempel-Popper asumió la conducción dura del bando "explicativo" de la larga polémica que todavía continúa. Para dar otro ejemplo más reciente (y tal vez más polémico) de credibilidad en la objetividad “empìrica” de la teoría social, haré mención dela discusión sostenida por Kohlberg y Habernas. La introducción de los famosos resultados de la investigaciones de Kohlberg en el campo de la producción de juicios éticos ha sido utilizada reiterada (y a mi juicio acrìticamente) cada vez que se intenta dar un sustento firme a ciertos argumentos de la ética discursiva. La ética discursiva tiene importantes y sólidos argumentos filosóficos que esgrimir y, por cierto, no necesita ni puede pretender una “base empírica”. Sin embargo, desde que Habermas y Apel incluyeron a Kohlberg, se ha tornado casi un lugar común alguna referencia al psicólogo norteamericano, muy citado y poco investigado. Lo más excitante de la producción de Kohlberg ha sido, a mi juicio, el servir de disparador de los argumentos de Carol Gilligan en el campo de los estudios de género en ética. Porque cuando se ahonda un poco en la famosa “base empírica” de Kohlberg, se descubre que ella no resiste el más mínimo de los requisitos metodológicos de la ciencia normal y que incurre, entre otras cosas, en la delirante afirmación de postular un grado de la moral (el grado seis) para el cual, según afirmación del mismo Kohlberg, desde la muerte de Sócrates, no existen representantes. La perplejidad es obvia: ¿qué pasó con la base empírica? Fueron conmovedoras las discusiones de Apel, Habermas y Kohlberg para reconocer (o no) un grado siete. Anécdotas aparte, la “base empírica” aportada por Kohlberg no mejoró un ápice la calidad de los argumentos en debate. Al margen de ello, sirvió para marcar la época de una discusión, como antes los éxitos definitivos de la psicología conductista o, más atras los descubrimientos “científicos” de la frenología. ¿ Cómo se introduce Verdad y Método en este campo de embates explicativo-comprensivos? Para hacer honor a la verdad, la recepción de la obra no causó mayor impacto, particularmente en el dominante mundo anglosajón. En primer lugar, carecía de la virtud sine qua non que hace que libro sea leído. No estaba redactado en inglés, ni siquiera provenía de la tradición epistemológica. Gadamer era visto -- incluso en el mundo de las ciencias sociales europeas-- como un prolongación medianamente inteligible de Heidegger, tal como reconoció Habermas: tenía la virtud de traducir la "provincia" heideggeriana. Ni siquiera Thomas Kuhn lo cita, a pesar de poner de relieve, en su argumentación muchos de los puntos medulares de Wahrheit und Methode. Si bien La Estructura de las Revoluciones científicas es casi simultánea (1962), tampoco en la postdata de 1969, (donde Kuhn se defiende de las conclusiones relativistas que le reprochan sus críticos, empleando argumentaciones notablemente familiares a las de Gadamer) hace referencias bibliográficas a la tradición hermenéutica. Verdad y Método está incluido en la bibliografía del clásico de von Wright Explicación y comprensión, pero esto se explica, más bien, por la formación europea de von Wright. En los últimos años, Gadamer y su libro han ganado un lugar de privilegio, sobre todo en las argumentaciones de la corriente "postmoderna". En la literatura filosófica norteamericana (país al que Gadamer visitó en reiteradas oportunidades) los argumentos de la hermenénutica se encuentran profusa, extendida y confusamente incorporados en el famoso ensayo de Richard Rorty La filosofía y el espejo de la Naturaleza, cuyas consecuencias relativistas Gadamer no comparte. En Europa, su referente privilegiado es Gianni Vattimo, que ha estudiado intensamente su obra, y quien probablemente sea, en relación a Gadamer, lo que éste fue con respecto a Heidegger: un continuador productivo y creativo. En la presentación de Gadamer, que Habermas hace en Perfiles filosófico-políticos, reconoce dos aportes fundamentales. El primero es haber extendido un puente entre la filosofía y las ciencias del espíritu. Dice: "Nadie sería capaz de tender hoy de forma más convincente que él un puente para salvar la distancia cada vez más grande que separa a la filosofía de las ciencias del espíritu". En segundo lugar, sostiene Habermas: "Heidegger era de esa clase de pensadores radicales, que abre en torno a sí, un abismo. La gran aportación filosófica de Gadamer estriba, a mi entender, en haber tendido un puente sobre ese abismo: "Gadamer urbaniza la provincia heideggeriana". Comparto la opinión de Habermas en este sentido: es una característica de la hermenéutica el tender puentes y ver unido lo que está separado. Esto se nutre simplemente en la raíz clásica de la filosofía. Por otra parte, no creo, y lo he sostenido más arriba, que la distancia entre la filosofía y las ciencias sociales sea cada vez más grande. Todo lo contrario: cada vez es más corto el trecho que separa a la filosofía de todas las ciencias, sociales y naturales, y en el futuro será todavía menor, en la medida en que se comprenda mejor el carácter del término "interdisciplina". Este hecho tendrá notables consecuencias en el futuro desenvolvimiento del concepto de racionalidad. Gadamer, efectivamente, "urbanizó" la provincia heideggeriana, pero sólo en este sentido: mostrando el juego de Heidegger, permitiendo descubir su relación con la historia de filosofía y desocultando aquella apariencia de "Ereignis", de irrupción, de "acontecer", que el mismo Heidegger forjó alrededor suyo. Los lectores de Ser y Tiempo experimentaron la extraña sensación de estar frente a un pensador que dialogaba en linea directa con los griegos más antiguos, con los presocráticos. Heidegger conseguía dar la impresión de haber roto la continuidad del diálogo filósofico y saltado sobre las épocas. En este sentido, más que un seguidor de Heidegger, veo en Gadamer un historiador crítico de sus ideas: quizás el mayor de sus críticos inmanentes, aunque nunca él mismo no se presente así. Habermas reconoce que la
hermenéutica filosófica de Gadamer no apunta a una renovación de la
doctrina del método sino que representa una tentativa de renovar la
pretensón de verdad de la filosofía, en lo que el considera la "audaz
tarea de reconstruir la continuidad de esta pretensión de verdad salvando
una triple ruptura en la tradición", los tres abismos que se han abierto
entre nosotros y la filosofía de los griegos: la ruptura del historicismo
en el siglo XIX, la física del siglo XVII, y el postulado subjetivista
de la comprensión moderna del mundo. La primera crítica --al historicismo--
se endereza a Dilthey y su comprensión de las ciencias del espíritu.
El propósito de Gadamer, y su crítica a la polémica de los métodos,
ha consistido en el esfuerzo para mostrar que la operación del Verstehen
debía superar el historicismo y el relativismo, sin perder de vista
el valor de la historicidad operante en la comprensión de sentido.
Esta es su primera contribución para ampliar el sentido de la racionalidad
dominante, la que encuentra una aporía irreconciliable entre historicidad
y validez. La crítica al subjetivismo y a la escisión de la pretensión de verdad que Kant consagra en la Crítica del Juicio es el segundo gran intento de Gadamer para rescatar la noción de "verdad" del ambito exclusivo de la investigación natural. Que lo haya logrado o no es un tema para la discusión. Pero, lo más importante, a mi juicio, es el formidable esfuerzo para recuperar la tradición humanista olvidada por el espíritu moderno. La fundamentación trascendental de la estética "representa una ruptura con una tradición, pero también la introducción de un nuevo desarrollo: restringe el concepto del gusto al ámbito en el que puede afirmar una validez autónoma e independiente, en calidad de principio propio de la capacidad de juicio; y restringe a la inversa el concepto de conocimiento al uso teórico y práctico de la razón". Este giro, que se anunciaba en la ilustración alemana, pero que consagró definitivamente la Crítica del Juicio, desplazó, según Gadamer,el elemento del que se nutrían los estudios histórico-filológicos, cancelando su pretensión específica de verdad. Los estudios históricos, que hubiesen podido ganar una plena autonomía, cuando quisieron fundamentarse tuvieron que colocarse al lado de las ciencias de la naturaleza, bajo el equívoco nombre de "ciencias del espíritu": "Y en el fondo esto hizo que se perdiese la legitimación de la peculiaridad metodológica de las ciencias del espíritu". En tercer lugar, Gadamer intenta
la Aufhebung de las posiciones econtradas en la antigua y siempre
renovada querelle des anciens et des modernes en un importante esfuerzo
por vitalizar el diálogo con la tradición filosófica y mostrar que
sus clásicos siguen "hablándole" a las épocas. Su estrategia ha sido,
muchas veces, la de rejuvenecer a los "ancianos" y la de "envejecer"
a los modernos. Su hermenéutica como filosofía práctica ha sido un
esfuerzo particular por recuperar la fronesis aristotélica para el
ámbito de la teoría social. En cuanto a la influencia ejercida por
su pensamiento, Habermas reconoce que: "Promovida por la traducción
al inglés de Verdad y Método y promovida también por las múltiples
estancias del autor en Universidades americana, la hermenéutica filosófica
ha ejercido una persistente influencia en la discusión anglosajona.
Esa influencia no se ha limitado a las Divinity Schools. Se ha asociado
con impulsos liberados por el movimiento de protesta. Sen han visto
sus coincidencias con el análisis lingüístico del segundo Wittgenstein,
con la teoría postempirista de la ciencia de Thomas Kuhn, y se ha
fundido con los planteamientos fenomenológicos, interaccionistas y
etnometodológocos de la sociología comprensiva. Este influjo en modo
alguno ha acentuado el sentido polémico que enciera el título "Verdad
y Método" sino que muestra más bien cómo la hermenéutica ha contriuido
a la autoclarificación del pensamiento metódico, a la liberalización
de la comprensión de la ciencia e incluso a la matización y diferencia
de la práctica de la investigación." Llegados a este punto, me parece
oportuno señalar tres aspectos del pensamiento de Gadamer que
no comparto, y que son sustantivos a la hora de formular una descripción
comprehensiva de la racionalidad que debiera impregnar el campo de
la teoría social. 2) Gadamer rechaza la tradición de la modernidad ilustrada y no advierte que ella también es una tradición "operante" y está, por lo tanto, incluida en su propia (la de Gadamer) comprensión de sentido. Es decir, que sus argumentos hermenéuticos también están involucrados en esa tradición crítica, sobre todo con la dirección del filosofar que se inaugura con la Crítica del Juicio de Kant, la que enseña a pensar la filosofía como un sistema y, por lo tanto, la razón misma como un sistema. 3) Gadamer concede un peso excesivo a la retórica y anula con ello la posibilidad de sostener su propia posición argumentativamente, fuera del excesivo peso concedido al juicio de la tradición. No sólo contradice su propia fuerza argumentativa a la hora de defender su idea de los límites de la ilustración --una idea perfectamente sostenible dentro del curso de argumentación trascendental kantiana-- sino que también (y esto se enlaza con su negativa a reconocer los contenidos regulativos y utópicos) queda su estética desprovista del reconocimiento de la función esencial de las vanguardias, excluyéndo de ese modo la posibilidad de introducir su análisis en el particular recorrido del arte contemporáneo.
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