La palabra
griega de la cual deriva nuestro vocablo "técnica" es (tékne). Esta
última, como se sabe, no tiene un equivalente exacto en nuestras lenguas
modernas. Comprendemos lo que el concepto en general designaba si
unimos los significados de los términos “arte", “oficio", "habilidad"
y “técnica”, tal como, en forma amplia, los entendemos hoy día. Inversamente,
si pensamos "técnica" como un conjunto de procedimientos o reglas
que llevan a obtener ciertos resultados, y donde, al pensar, acentuamos
que esos resultados o productos se vuelven el único factor importante,
y donde, además, los procedimientos y los mecanismos empleados, por
obra de la repetición y de la rutina, es desvinculan totalmente de
los principios directrices de la teoría, entonces la palabra que tanto
Platón como Aristóteles emplearían sería seguramente tribé (que es
naturalmente, en sentido estricto, algo más que simple rutina o hábito).
En Aristóteles el término tékne tiene un uso más restringido y más
preciso que el que le da Platón. Aunque conserva numerosos rasgos
platónicos, según se verá, el término es usado en general , 1) en
un sentido amplío, equivaliendo a lo que Aristóteles llama ciencia,
disciplina, o saber (ver por ejemplo, Apo. 71a4, Se 170a30 y ss, EN
1094ª1, Metaph. 997a5 y 981b23-24); o 2) en un mentido más limitado
y riguroso, tal como aparece claramente definido en Ética Nicomaquea
1140a 7 y ss, y 1140 a 21.
Allí se dice – y en todo Z, IV, reiteradamente – que tékne es: hexis
metá lógou alethoús poietiké que puede traducirse como “hábito productivo
acompañado de razón verdadera”. Hábito, héxis porque es una posesión
o disposición permanente (Metaph. 20 y Cat. 8b27- 9 a13) de una forma
inteligible – eso está indicado en metá lógou alethoús y que sirve
para informar, para hacer o producir, en el momento en que se requiera
y con la habilidad que sea indispensable, algo a partir de una determinada
materia ( que suele ser, generalmente, de índole sensible). De la
definición se desprende en primer término que la no consiste en la
simple producción, (póiesis), en el hacer las cosas, sino en el saber
hacer las cosas. “La es una habilidad intelectual y no consiste en
una mera habilidad técnica” . De manera que la es fundamentalmente
una forma de saber, que podrá resultar más rudimentaria y elemental
que otras, pero que de todos modos, constituirá un nivel dentro de
una posible escala de formas de saber.
Si en cuanto a la acción de la y la experiencia parecen no diferir
(Metaph 981 a13), la presupone a la experiencia. Es esta precisamente
la que hace a la (Metaph 981 a4) tanto en su estructura gnoseológica
como cronológicamente. Por una parte, tanto la y la (epistéme) son
conocimiento de lo universal (Metaph 981 a2). Por lo mismo, ninguna
tékne skoitei tó kath´ékaston dice Aristóteles en la Retórica (1356
b29), puesto que toda tiene su inicio cuando es posible llegar a partir
de una multitud de nociones, en noémata , a la formulación de un juicio,
hypólepsis aplicable a todos los casos semejantes (Metaph.981 a5).
Así, pues, mientras el empírico conoce el qué, tó hóti e ignora el
porqué, tó dióti(Metaph. 981 a28 ss), el que posee la el technítes
tiene frente a este una triple superioridad : su saber es superior
porque a) conoce mejor, ya que tiene en función del juicio que ha
elaborado, un saber conceptual, katá tón lógon (Metaph. 981 b6); b)
conoce más que el empírico, porque conoce la causa (Metaph. 981 a28),
cosa que ya estaba implícita en a), y, por último, c), que se desprende
también de lo afirmado en a) y b), es un saber que puede ser enseñado
(Metaph. 981 b9), lo que de hecho implica, entonces, tanto que pueda
haber gente que posea sin experiencia (Metaph. 981 a 14), como que
la individual o colectivamente sea factible, en cuanto tal, de perderse
(Metaph 1074 b11), por su falta de enseñanza o por obra de cataclismos
cósmicos.
Las téknai se logran gracias al estudio (Metaph 1047b33) es impo-sible
poseerlas sin haberlas aprendido en algún momento y sin haberlas adquirido
realmente (Metaph 1046 b36, Cf. En.1104 a7). Por lo demás, lo que
de-be enseñarse es la misma, y de nada valdría conocer únicamente
sus resultados (Se 184 a3). El camino a la (tribé)quedaría así abierto
al descuidarse el aspecto esencial teórico - el de su relación con
los principios -, propio de todo saber ya que "habrá que convenir
-dice Aristóteles en el último libro de la Ética Nicomaquea - en que
todo el que quiera ser perito en algún arte o ciencia ha de remontar
al principio general y conocerlo tanto como sea posible " (1180 b2O.
Cf. Apr 46 a22) . Por otro lado habíamos señalado que la presupone
a la experiencia también desde el punto de vista cronológico. En efecto,
la experiencia precede a la y ésta se basa en aquélla (Protr. B48,
Dür.), en el sentido de que no podría haber existido nunca sin ella.
Esto, desde luego, no es contradictorio con el hecho de que es pueda
poseer sin experiencia, porque la perspectiva es aquí distinta e interviene,
además el factor de estudio y transmisión.
En cuanto forma de sabor, a la se la ubica habitualmente dentro de
una escala ascendente en un nivel que supone, como ya vimos a la expe-riencia
por debajo, como forma inferior, y a la ciencia como forma superior,
por encima. Pero si Aristóteles distingue siempre con nitidez la experiencia
de las formas superiores - o (tékne, epistéme o sophía) -, y advierte
que sólo con respecto a la acción parecen en ocasiones asemejarse,
no obra de la misma manera con respecto de la y la (epistéme).En la
clásica exposición del primer capítulo del libro A de la Metafísica,
está usada en el sentido amplío de disciplina concep-tual que comprende
tanto a la tekné () propiamente dicha como a la epistéme (. Aparte
de la referencia que Aristóteles hace a las texnai ( (981 b23). El
desarrollo de la triple clasificación que allí establece es el siguiente:
1) (981 b17-18) (hai prós tavagkaía)
2) 981 b18) (hai prós diagogén), (981 b21) (prós hedonén(982 b23)
(prós rasonen kaí diagogén)
3) 981 b21) (hai me prós hedonén prós tanagkáia).
Lo que diferencia a las segundas de las primeras es la ausencia de
utilidad inmediata para la vida (981 b19); a las terceras de las segundas,
en cambio el ser eminentemente un fin en sí mismas, independientes
por completo de cualquier valor subsidiario (982b20-21). Suponen estas
últimas que ya se ha logrado la satisfacción de las necesidades inmediatas
como de los placeres propios y naturales del hombre – y en consecuencia
una cierta libertad frente a las urgencias vitales ineludibles (que
es lo que señala la palabra scholé 981 b 24-25) – y, reconocen por
lo tanto como motor de su constitución una actitud diferente frente
a la realidad: el asombro (982 b12). Las segundas son, como dice Bonitz,
“quae ad liberalem vitae cultum pertinent” . El texto no dice, al
respecto, nada más, salvo un sugestivo agregado, debido seguramente
a una posterior revisión del mismo en Aristóteles, según advierte
Jaeger y que remite, para la distinción entre y(tékne y epistéme),
a lo que se dice en la Ética Nicomaquéa.
Si prescindimos por el momento de esta referencia, el texto del capítulo
nos presenta: a) la noción de epistéme no diferenciada de la de; b)
un uso amplio de la noción de , muy propio del pensamiento platónico;
c) una posible justificación implícita – que aparece más manifiesta
en la referencia que hace Aristóteles a los egipcios – de la legitimidad
del empleo del término para aludir también a las ciencias teóricas,
puesto que todo saber implica una técnica de indagación y de descubrimiento
; ch) una clasificación de las en relación directa con la satisfacción
de las urgencias vitales ineludibles; d) una ordenación jerárquica
de tipo intelectual, entre que son, unas, arquitectónicas y otras,
subordinadas, en razón de su vinculación inmediata o mediata, respectivamente,
a los principios teóricos directrices ( Metaph. 982 a 14, 981 a 30.
Cf. E.N. 1094 a 14, Ph.194 b 1) , y, por último, e) una indicación,
no desarrollada, de que la última clase de las constituye una forma
de saber superior a las otras.
Esto último queda indirectamente confirmado en la Política, donde
Aristóteles clasifica – pero esta vez en dos grupos – las téknai “
sin las cuales la polis no puede organizarse”. “De ellas – dice –
unas es menester que existan necesariamente [corresponderían al primer
grupo de las citadas en la Metafísica, es decir, las necesidades de
la vida]; las otras contribuyen al lujo o al bienestar [ o sea, al
segundo grupo de las citadas en la Metafísica] (1291 a2 y ss.).”
El tercer grupo, como se ve, no tiene cabida. Los dos primeros, en
cambio, pertenecen al ámbito de las téknai Pero el tercer grupo no
tiene cabida porque constituye más precisamente lo que Aristóteles
llama “ciencia”. Esta distinción, que resulta de un más ajustado uso
de los términos, aparece con mayor prolijidad tanto en la Ética Nicomaquea
como en los Analíticos. En la Ética Nicomaquea los capítulos fundamentales
para esta cuestión son el primero, tercero y cuarto del libro Z.
Principalmente el párrafo decisivo es el siguiente:
(1140 a11 y ss.).
(estí dé tékne tása perí génesis, kaí tó technáxein thechreín hópos
án génetai + tónn endechoménon kaí eínai kaí hón hé arché en tó poioumeno).
Puede traducirse así: "Toda tiene por objeto traer algo a la exis-tencia,
y lo propio de la es arbitrar los medios para hacer llegar a ser a
algunas de las cosas que admiten tanto ser como no ser, y cuyo principio
resi-de en el producto y no en lo producido."
Tres son los caracteres de las téknai aquí señalados: 1) el tener
que ver con la ; 2) el dirigirse a las cosas que admiten tanto ser
como no ser, y 3) el tener su principio en el que produce, y no en
lo producido. Aunque las tres son interdependientes, en el segundo
resume Aristóteles la buscada diferencia entre la y la (tékne y epistéme).
Existen dos órdenes de realidades: las que no admiten ser de otra
manera, que como son ()(tá endechómenon állos échon) (E.N. 1139 a7
y Cf. G.A. 73l b24, 770 bl2, 777al9). A las primeras corresponden
las verdades y las relaciones que son independientes de la voluntad
y del obrar individual de los hombres. Frente a ellas, éste se encuentra
en el papel de espectador; su tarea es la de adecuar las nociones
que pozos a la verdad de las cosas, que se halla en ese orden de realidades,
y de tener con ella, la verdad, una relación de conocimiento – contemplación:(theoréin
thálethes). Estas realidades son eternas y por ello inengendrables
e incorruptibles. Constituyen el objeto de la ciencia en sentido estricto,
o de la ciencia especulativa o teorética, cuya única finalidad es
el conocimiento. "Lo que puede ser de otra manera que lo que es" abarca
todo el ámbito de lo mudable, donde la tarea del hombre es la de vivir,
actuar, obrar o realizar ciertas cosas, y no simplemente conocer,
a menos que es trate de conocimiento que se necesita para la acción
o la producción. Este vasto dominio de lo contingente es tanto el
de las disciplinas productivas como el de las prácticas.
Habitualmente suele indicarse, sin más comentario, que Aristóteles
clasi-fica "las ciencias en teóricas prácticas y productivas. Pero
aunque en la mayoría de los pasajes importantes donde es hace referencia
a esta división se emplea la palabra (epistéme), las disciplinas prácticas
y productivas no son en rigor, ciencias, en el mismo sentido estricto
en que lo es la teorética. Por eso la clasificación no corresponde
tanto a “ciencias” - a menos que se entienda el término en sentido
amplio - cuanto a formas o tipos de pensamiento discursivo, (diánoia).
El pasaje de Metafísica, E 1025 b18-26, es en este sentido muy ilustrativo
porque allí emplea indistintamente ambos términos (Cf. EN 1139 a27
y ss.). El propósito de Aristóteles es evidentemente el de separar
los distintos modos que tiene el hombre de desplegar su actividad
racional.
El fin de las ciencias teoréticas es el conocimiento el de las disciplinas
prácticas, la acción - y no tanto la simple (práxis) cuanto la (eupraxía)
- el de las productivas, la realización (poíesis), plena y acabada,
de una cierta obra o producto, (échon). Puesto que sólo las primeras
son, pues, ciencias, ya que se refieren a lo que es necesariamente
y sin cambio, (tó ón), las dos restantes disciplinas, no obstante
su carácter discursivo forman parte de un estrato inferior, que tiene
que ver no con lo que se refiere a (tó ón), sino a (génesis): el de
las (téknai) (ver: Apo. 100 a9). Ahora bien, aunque ambas disciplinas
podrían en cierto sentido ser llamadas (téknai), Aristóteles emplea
habitualmente este término para referir-se a aquéllas que él considera
por antonomasia: las productivas (ver, por ejemplo, Metaph. 1046 b2).
Puede observarse así, por un lado, cómo el término , que poseía tanta
riqueza significativa en el vocabu-lario platónico tiene una marcada
tendencia a restringirse específicamente en Aristóteles, a las disciplinas
productivas que, como es sabe, constituían para Platón sólo una de
las clases de la (Cf. Sph 219 d 1 ).
Por otro lado, debe observarse la importancia que a la noción de adjudica
Aristóteles importancia que es debe además a la nitidez con que aparecen
en ella ciertos rangos propios de todo sabor. Un texto ilustrativo
al respecto es el del comienzo de la Ética Nicomaquea, donde después
de afirmarse que "siendo como son en gran número las acciones, las
(téknai) y las ciencias, muchos serán por lo tanto los fínes”, da
Aristóteles una lis-ta de cuatro ejemplos que, en lugar de corresponder
a las formas de saber nombradas -como se esperaría naturalmente -
pertenecen, todos, a las disciplinas productivas (la medicina, la
construcción naval, la estrategia y la economía) (1094 a7 y ss).
Por lo demás, da en cuanto a las relaciones entre lay la cien-cia,
la naturaleza de aun respectivos objetivos trae aparejada otra diferencia
más de orden lógico. Las conclusiones tienen, en el caso de la ciencia,
el carácter de verdades universales, necesarias y lógicamente deducibles
de los primeros principios, y de allí que la ciencia sea, entonces,
eminentemente demostrativa; en el caso de las en cambio, las conclusiones
no pueden ser más que reglas generales, adecuadas en la mayor parte
de loa casos, pero no siempre. De las dos diferencias que se acaban
de nombrar - la que es refiere a los objetos y la que es refiere a
la estructura lógica - es importante observar, por último, que si
bien ambas están íntimamente vinculadas, la que Aristóteles considera
como decisiva para distinguir la ciencia de la es siempre la primera,
referida a la naturaleza de sus objetos, no sólo porque precisamente
de ella se deriva la diferencia de orden lógico, sino porque Aristóteles
busca, por el contrario, que esta diferencia, como veremos más adelante,
incida sólo en la medida en que debe hacerlo. Propio de los individuos
sensatos y cultos, dice, es "el no afanarse por alcanzar otra pre-cisión
en cada género de problemas que la que consiente la naturaleza del
asunto" (E.N. 1094 b23), y en no exigir el rigor de las ciencias deductivas
en aquellas disciplinas cuyos principios son de otra índole. Hemos
señalado en detalle uno de los caracteres de la (tékne),e indicado,
apenas, otros. Enumerémoslo, ahora, todos:
1.La (tékne)es un hacer, una fabricación o producción.
2.Esta fabricación o producción supone un agente y un producto. El
agente es el (technites), la obra o producto, que es el resultado
y fin del proceso, el (érgon). En toda(tekne) hay un fin, subraya
constantemente Aristóteles (ver por ejemplo, Protr. B12 Y B14, Düring),
y éste es la obra (Cael. 306al6).
3. Este hacer y este producir cosas comportan un proceso de realización
o “creación” que, en última instancia, opera a la manera de reproducción
imitativa, (mímesis) de aquel proceso que se desarrolla en el mundo
físico. Aristóteles lo señala innumerables veces (ver por ejemplo,
Ph 194 a21, Mete. 38l b6, Protr. B13 y B14 Düring), y su expresión
es siempre la misma (e tékne miméitai tén physin). Las téknai dice,
son (mimémata) (Protr B23 Dür.). ¿En qué sentido debe entenderse esta
“reproducción imitativa" En el sentido de que (téknai) obran, al igual
que la naturaleza, como una fuerza creadora que adapta, con entendimiento
y habilidad los medios al fin que se propone que es, en este caso
de las , (teknai) el de erigir formas nuevas en el universo. Las reproducen
imitativamente, así a la naturaleza en su obrar - y no en su obra
o producto - como potencias creadoras y renovadores.
4.Esta forma de proceder “imitativa" pone de relieve algunos otros
aspectos importantes. En primer lugar, como dice el mismo Aristóteles,
“de la naturaleza han derivado las la característica de que todos
sus productos se generan en vistas a un fin" (Protr. Bl4, Dür.).
5.En segundo lugar, toda (tékne) existe para ayudar, a la naturaleza
o para acabar y perfeccionar, (anapleroún); las deficiencias naturales
o lo que la naturaleza, imposibilitada de termínar, (há e physis adunateí
apergásasthai), ha dejado sin hacer (Ph. 199 a16 y ss. Pol. 1337 a1
y Protr. B139 Dür.), aunque, desde luego, el fin de la naturaleza
ha de ser siempre mejor y superior al de las (PA 639 b2O, Cf. Protr.
B13, Dür.)
6.La (tékne),a su vez, se distingue de la physis)a la que reproduce
imitativamente, porque el principio del cambio o de los pro-cesos
en las cosas no reside en ellos mismos – lo que si ocurre en la (physis),
sino en otra cosa, es decir, en el hombre, en el agente (Metaph.l07O
a6 y ss. y especialmente 1025 b22). De allí, pues, que la generación
natural se produce, como dice Aristóteles: (ex homonymon) ("un hombre-,
en efecto, engendra a un hombre”) y no (ek mérous homonymou), cosa
que ocurre en las (téknai) (la forma de la casa es causa de la casa
real. En otros términos, desde el momento en que el principio del
movimiento puede identificaras con el fin, lo que aquí Aristóteles
está señalando es la estructura teleológica inmanente de la naturaleza,
mientras que en la el fin deriva, de la forma que el (technítes),
tiene presente en su momento como simple ideal y que aplicará a una
determinada materia.
7.En este último sentído, pues, dice Aristóteles, "la(tékne)es la
razón de la obra, razón sin materia, , (hé de tékne lógos toú epgou
o aneutés hyle énestin) (PA 640a3O). Lo Metafísica que ello quiere
decir creo que se aclara si tenemos presente estas palabras de la
(e gár iatriké tékne o lógos tés hygeías estín) (1070 a29-30). Con
ello coinciden los textos no tan fáciles de interpretar de Metaph
1032 b11 y ss. y 1034 a24, donde escuetamente se dice (e gár tékne
tó eídos), a propósito de la construcción. La producción presupone,
pues, la presencia de la forma del producto en el alma del agente
o productor (Metaph 1032 a32) y estas formas, naturalmente, existen
mientras el (technítes) las piensa; cuando deja de pensarlas, dejan
ellas de existir. Ahora bien, es importante tener en cuenta que no
obstante esta dependencia inicial de los productos a las formas, los
productos, una vez realizados, es vuelven, en cuanto tales, independientes
de sus creadores. Tienen, en última instancia, valor en sí mismos:
(tá mén gár hypo tón téchnon ginómena tó eú échein autós)(EN 1105
a27-28)
8. Aristóteles naturalmente sostiene que no hay Ideas, en el sentido
platóni-co, a propósito de las (technai) . Se trata de "invenciones"
de los hombres. El único posible "modelo", en este sentido, es la
naturaleza. (ver Protr. B47 Dür,. Metaph. 990 b1O y particularmente
Alex. Aphr. In Metaph., 79.3 y ss.)
9. Por lo dicho en 7 y en 8 se ve entonces que esté estrechamente
vinculada tanto con (diánoia) (Ph. 196 b23) como con (dynamis), y
sobre todo con esta última, porque no hay dice Aristóteles, "de ningún
acto, sino de la potencia" (E.N. 1153 a25)
II
Si la
técnica consiste en la producción planeada y regulada que se asienta
sobre la investigación pura, sobre los principios teóricos, entonces,
como dice Schadewald , esta técnica basada en la ciencia fue pensada
fundamentalmente por los griegos. Entre ellos hemos visto que, para
Aristóteles, la téknees una forma o especie de saber que, si bien
en cuanto a producción se dirige a lo mudable y contingente, elevada
por encima de lo puramente empírico, se basa en un conocimiento de
los principios. Esta consideración de la tékne como forma de saber
y no como mero hacer, debe tenerse presente constantemente para no
dar lugar a interpretaciones que presenten una separación tajante
a veces entre la actividad manual y la actividad intelectual que no
es propia de Aristóteles. Justamente por ello, y por la mayor riqueza
de la palabra tékne, es que hemos mantenido el vocablo griego en la
primera parte de esta exposición. Podemos ahora abandonarlo siempre
que no dejemos de tener en cuenta lo que hemos dicho al respecto .
Toda téxne o técnica consiste, pues, evidentemente, por lo menos en
dos momentos: uno, que yace en el hombre, en tanto sujeto pensante,
y que inventan un plan, un eidos , quien posee, en suma, un diseño
mental; y otro, la ejecución de ese plan, lo que implica trascender
el ámbito mental individual y encarnar esa forma en una materia. Estos
dos aspectos Aristóteles no los puede concebir separadamente sin detrimento
de la virtud y libertad del individuo. La práctica del segundo, sin
vinculación con el primero, es indigna, bánausos , y constituye una
mera rutina, tribé . En esto Aristóteles coincide plenamente con Platón
. La fuerte condenación de este aspecto particular creo que ha sido
confundido muchas veces con una condenación general de Aristóteles
sobre todas las disciplinas productivas, manuales, por su naturaleza
misma.
Es cierto que Aristóteles polemiza con Anaxágoras (PA 686 b y ss.)
porque éste sostiene la superioridad intelectual del hombre frente
a los demás seres exclusivamente por obra de la mano. Pero ha de verse
que la polémica está centrada, para Aristóteles, en su enfrentamiento
entre el hacer y el pensar y en una preeminencia y determinación del
primero con respecto del segundo que para él es inconcebible, desde
que necesariamente siempre el auténtico hacer, tal como él lo concibe,
está supeditado al pensar. Establecer un orden inverso es para él
algo insensato, por la carencia que supone, además, de un principio
rector que guíe y oriente. Podría valer aquí, tal vez, la imagen que
tantas veces utiliza Platón: “el barco que quedaría sin rumbo, aunque
claro está, el azar podría ilusionarnos vanamente con algunos aciertos”.
"Vale a dire - señala muy bien Mondolfo - che Aristotele considerache
l´unitá tra l´attivitá manuale e l´attivitá intellettuale, é di tale
specie che al romperla, al separare la pura manualitá della inttelletualitá
che dovrebbe accompagnarla, l´uomo resta ridotto aun brutto che opera
sapendo si quello che eseguisce, ma senza sapere il perché, senza
conoscere il fíne di ció che fa e quindi, ridotto al puro lavoro bruto
di esecuzione materiale, giá non é un uomo ma un semplice strumento.
Sicché ció che Aris-totele mostro di spiegare, do considerar indegno
dell´ uomo, non é il lavoro manuale ma éla separazione del lavoro
manuale dell´inttellettuale, il puro automatismo, la riduzione dell´uomo
a strumento inconsapevole, mentre dovrebbeleesere cosciente dell'
opera propia" Con esta perspectiva, entonces, deben leerse algunos
de los debatidos pasajes aristotélicos sobre estas cuestiones, como,
por ejemplo, el de Pol.1253 b que se refiere a los esclavos y se los
considera como una especie de instrumentos animados. Pero debe recordarse
- no para justificar el planteo, ni mucho menos, sino para entenderlo
en toda su extensión- que Aristóteles está haciendo jugar aquí dos
cuestiones (por lo demás vinculadas): a) el intento de justificar
la esclavitud como institución de la naturaleza y no de la violencia
y b) la consideración del esclavo como aquel que, "siendo hombre,
no pertenece por naturaleza a sí mismo sino a otro", es decir, es,
como hombre, posesión de otro.
Lo mismo vale con respecto al pasaje 1337b de la Política donde aclara
lo que se ha dicho antes y donde aparece el término bánausos , tantas
veces traído a colación. "No es dudoso -dice- que deben adquirirse
aquellos conocimientos útiles que son indispensables, pero no todos;
establecida la distinción entre los trabajos dignos de hombres libres
y los serviles, es evidente que se deberá participar de aquellos trabajos
útiles que no envilecen al que se ocupa de ellos, y han de considerarse
envilecedores todos los trabajos, oficios y aprendizajes que incapacitan
al cuerpo, el alma o la mente de los hombres libres para la práctica
y la actividad de la virtud. Por eso llamamos viles a todos los oficios
que deforman el cuerpo, así como a los trabajos asalariados, porque
privan de ocio a la mente y la degradan". La lectura atenta del texto
me parece que hace ver que el ataque de Aristóteles está dirigido
no tanto al trabajo manual por lo que éste pueda ser en sí, sino a
la situación en que llega colocarse el hombre "en una situación de
esclavitud, ya sea respecto de necesidades e intereses económicos,
sea respecto de otras personas cuyas órdenes deban ejecutarse mecánicamente',
sin ninguna intervención de la propia inteligencia y raciocinio" .
Líneas más adelante Mondolfo reitera esta interpretación. "Aristóteles,
dice, no considera indigno del hombre el trabajar en la creación consciente
de obras materiales, sino el renunciar al uso de la inteligencia,
el transformarse en instrumento mecánico ciego, que no se da cuenta
de lo que se hace y de por qué se lo hace". Creo que puede compartirse
lo que afirma Mondolfo, sobre todo porque las líneas generales de
esta tesis concuerda con lo que creemos que surge de los textos que
hemos reunido en la primera parte de este trabajo. El hombre no puede
vivir sin técnica. Así como el animal es atécnico, no hay, en cambio,
hombre sin técnica. La afirmación de que el hombre empieza cuando
en empieza la técnica , la suscribe plenamente Arístóteles, si no
en esos términos que pueden traducir, en su formulación, un cierto
individualismo, por lo menos en otros que indican que no hay para
él ni raza ni pueblo ni pólis que requiera, para existir, de la técnica.
"Las técnicas sin las cuales la ciudad no puede organizarse" expresa,
según ya citamos, en la Política (1291al-2). El hombre no es únicamente
un animal racional, sino que es precisamente por ello un animal social,
un animal que vive en ciudades, y que no pueden existir ni realmente
constituídas ni gobernadas a no ser que dispongan de cierto grado
de desarrollo de las técnicas. Ello está bien claro en la misma Política,
cuando al hablar de la ciudad y de las condiciones que ésta debe reunir,
(libro Delta o Eta), según la ordenación que se adopte, hace una digresión,
en el capítulo séptimo, para referirse a la distribución que tienen
las razas o pueblos en el mundo habitado. Parte del texto es el siguiente:
"Los que habitan en lugares fríos, y especialmente los de Europa,
están llenos de bríos, pero faltos de inteligencia y de técnicas,
y por eso viven en cierta libertad, pero sin organización política,
apolíteuta, e incapacitados para gobernar. Los que habitan el Asia
son inteligentes y de espíritu técnico, techiká tén psychén ([...].
La raza griega [...] participa de las características de ambos grupos"
. Creo que no son necesarios mayores comentarios para ver el papel
importante que desempeña la técnica y cómo sin ella no puede concebirse
pólis u organización política alguna. Pero el hombre necesita de las
técnicas no sólo para ser sino para su preservación, "tanto al nacer
como en lo que se refiere su posterior alimentación" (Protrep. B13,
Dür.). Tan indispensables son las técnicas para el hombre, y tal es
la utilidad que para él tienen, que en la Mecánica (atribuible, a
lo sumo, al círculo peripatético de la primera o segunda generación
-pero para el caso poco importa - aparecen citadas unas líneas de
Antifonte - no el sofista -, que se hacen propias: "Vencemos mediante
la técnica en aquello que somos vencidos por la naturaleza, téxne
gár kratoumen, en physei nikometha (847a 20-21).
Se ha dicho ya y repetido que la técnica no tiene sólo un valor utilitario
sino cognoscitivo. Y esto vale también para el hecho de que Aristóteles
acostumbra explicar, en muchos casos, los procesos naturales en términos
de procesos artificiales (véase, especialmente, Meta. 381b 4 y Cf.
379b 14, 380a 16, 381a 10). De modo algo parecido queda también explicado
este tipo de valor cognoscitivo de la técnica en la Política cuando
indica que se distinguen las pinturas de las cosas reales porque en
las primeras se da acumulada en una unidad lo que suele estar esparcido
y separado (1281b 13 y ss.). Pero, además, de ese valor cognoscitivo,
esas reproducciones tiene un valor estético (PA 645a 11 y ss.).
De todos modos, lo que en este aspecto cognoscitivo tiene más importante
es el peso que tiene la naturaleza del conocimiento técnico en Aristóteles
para evitar la unificación de todo el saber discursivo bajo un sólo
método y un sólo tipo de certidumbre científica, tal como era la corriente
hacia la que se orientaba el platonismo, especialmente en el papel
cada vez más central que adjudicaba a la matemática.
En el capítulo III del libro A de la Ética Nicomaquea y en el capítulo
II del libro B de la misma obra reiteran que "No se debe buscar la
misma precisión en todos los conceptos, como no se busca tampoco en
la fabricación de objetos artificiales"(1094b 12) Las conclusiones
no pueden, en el orden lógico, ser más exactas que las premisas de
las cuales derivan, y cuando éstas no son necesarias sino simplemente
afirmaciones de lo que ocurre en la mayoría de los casos "conformémonos,
dice Aristóteles, con llegar a conclusiones del mismo género" Hay,
pues, un firme rechazo a lo que él entiende que es la última tendencia
platónica de unificar bajo el módulo de la matemática a todo el "saber
científico". Y en este sentido observa muy bien Jaeger qué papel han
tenido las disciplinas técnicas, como la medicina en particular, para
consolidar esa posición. Tal vez es este propósito, que bien puede
estar en los orígenes de la actitud aristotélica, el que lo lleva
a colocar en un plano tan importante y exclusivo, como ya indicamos,
a las disciplinas productivas, porque, señala el mismo Jaeger, “what
he wants to demonstrate is that, besides pure theory, there is another
kind of knowledge that aims at action (or production) and that reveals
what a man "knows" only by action (or production)."
Desde luego que no se puede dejar de lado en la cuestión la incidencia
de las que nosotros llamamos ciencias naturales, en particular la
Biología y la Zoología, sobre todo por el peso que han tenido en el
aspecto metódico y en la consolidación de una perspectiva de la naturaleza
del conocimiento "científico" más amplia y rica que la platónica.
Creo que no se ha insistido lo suficiente en el papel que ha desempeñado
Aristóteles en esta cuestión. Cabría, desde luego, preguntarse, ¿no
se está produciendo aquí una primera desvinculación de lo técnico
con respecto de los principios generales que lo informan y cuya desvinculación
quita a la técnica todo valor para reducirla una mera tribé , como
decía Platón Obsérvese que si, desde el punto de vista teórico, puede
responderse afirmativamente a esta pregunta, en cambio, desde el punto
de vis-ta efectivo del individuo, dentro de la concepción artesanal
de la técnica en la que se mueve Aristóteles, lo que critica es precisa-mente
la separación entre el técnico y el operario, la desvincula-ción en
que caer este último, con respecto a los principios teóricos. Lo que
subyace a todo esto es la concepción es la concepción del hombre como
ser racional y el sin sentido - contrario a la naturaleza - de que
éste renuncie a la razón, es decir, a su autonomía. ¿Acaso no alcanza
el hombre su máxima realización, su logro esencial, en el uso más
elevado de la razón Inversamente, el abandono de ésta, o su alejamiento,
importan la renuncia a la propia naturaleza esencial. En un pasaje
de los comentarios de Simplicio a la Física, utiliza éste la expresión
tékne teknon, con lo que alude, allí, a la filosofía primera (47,
30-31). La misma expresión, ars artium, apareceen Santo Tomás (In
Anal.post., lec.1, n.3) y con ella alude a la dialéctica aristotélica,
principalmente la lógica, en cuanto es ella también una técnica, porque
no solo tiene por objeto el conocimiento, sino una cierta obra, es
decir, el conjunto de normas con arreglo a las cuales serán formalmente
válidas o no la operaciones de la mente. En efecto, lo que Aristóteles
ha buscado hacer en su lógica, ha sido dar rigor y promover, y hasta
rehabilitar los procedimientos algo empíricos de los erístas y sofístas.
Ha querido dar reglas precisas y eficaces a ese arte de la discusión,
y lo ha querido hacer con el propósito de lograr llegar a ciertos
fines (v. SE 184a 1-8 y 183b 34 y ss.)."Cet´ art formel de la discussíon,
indifférent á la vérité des théses en question , il a voulu le porter
á sa perfection; et c´est par lá qu'il a été conduit a faire la théorie
du syllogisme, qui est aussi un raisonnement formel, dont la validité
est indipéndente de la vérité des prémisses. Cet´ art formel, c´est-a-dire
vide, indifférent á la valeur de son contenu, il a voulu l´élever
á son formulismo reli-geux, en élaborant un procédé capable de conclure
vi formae, et de fournir ainsi á la science, á la demostration de
la vérité, un instrument adéquat" . Estas líneas de Moreaux me parece
que resumen con toda exactitud el valor y el alcance del mecanismo
silogístico aristotélico, y lohacen de manera escueta y precisa. El
punto que ahora debe llamar la atención es el de que el sistematizador
de este procedimiento es precisamente el que hace de él el uso más
pobre y limitado, cuando las circunstancias así lo imponen y la naturaleza
del objetivo en cuestión lo determina.
¿Qué camino más fácil que unir estas estructuras formales a los procedimientos
matemáticos y elaborar una unificación metódica en el saber. La respuesta
a esta pregunta ya fue insinuada antes, cuando se señaló que Aristóteles
evitó esta vía y reconoció todo el valor que tienen las disciplinas
productivas, las técnicas y las prácticas. El papel de la técnica
en Aristóteles. visualizada desde esta perspectiva, y como factor
determinante de su articulación de la metodología del saber que tiene
un papel y un alcance mucho mayor del que habitualmente se le ha asignado,
cuando además se ha confundido la actitud antihumana a la que se ha
llevado el simple operario o amanuense con un supuesto defecto estructural
de la técnica misma en cuanto tal.