Por Florencia Sal
El relato de Er se encuentra al finalizar la República.
Platón tiene como costumbre hacer alguna reflexión respecto del mito expuesto,
lo que no sucede en este caso. ¿Por qué terminar la República con ese
relato? ¿Por qué no explicarlo?.
En su obra, Platón se ha ocupado, partiendo del tema
de la justicia, de problemas políticos, éticos, psicológicos, gnoseológicos,
metafísicos. Estos últimos se hacen manifiestos al exponer el relato de Er. En
él se mencionan, la cuestión de la supervivencia del alma después de la muerte,
la del sufrimiento en relación con el aprendizaje de las verdades últimas de la
vida, la de la libertad para elegir la virtud, la de la estructura del mundo, y
la diferencia entre vida justa e injusta.
A continuación expondremos brevemente el mito y
analizaremos sus características a fin de responder a nuestra pregunta inicial.
I
Relato de Er
Platón recurre a una revelación divina, como broche
final de la exposición más amplia y meditada de su filosofía. El Mito de Er, se
encuentra al final de la República en el libro X, en 614 b – 621 d. Er es un hombre de
Panfilia, hijo de Armenio, a quien Clemente de Alejandría identifica con
Zoroastro, y es quien nos relata sucesos referidos a lo que acontece al alma en
el más allá. De esta manera y como culminación de la tesis expuesta desde el
libro I: es preferible una vida justa a una injusta, Platón nos conduce por el
camino del mito para ilustrar lo expresado mediante la dialéctica. La vida
injusta está unida principalmente al uso del poder, - tema ampliamente tratado
a lo largo de República-, pero en especial al que se realiza de manera
arbitraria y sin límites o sea al que detenta el tirano, que sin embargo,
pareciera ser el más deseable debido justamente a su desmesura. Pero Platón
contrapone a esta forma de vida, lo que llama vida justa, aunque la misma no
sea deseable a simple vista, pues no reporta los increíbles beneficios que,
según aquellos que sólo se guían por la opinión, detenta el poder absoluto;
esta, en vez, ofrece el camino hacia el
conocimiento y hacia el bien. Platón corrobora la validez de su tesis a través
del relato mítico sobre la muerte, el enjuiciamiento de las almas y la
encarnación.
Se expondrá a continuación brevemente, dicho relato.
Diez días después de una batalla, al recoger los
cadáveres para cumplir con los ritos funerarios, el de Er, guerrero de
Panfilia, no muestra los naturales signos de corrupción y cuando yacía sobre su
pira, vuelve a la vida relatando lo presenciado en el trasmundo.
Su alma había abandonado su cuerpo y junto a otras se
había dirigido a un bello lugar en donde había dos aberturas en la tierra y dos
en el cielo. Entre medio de las mismas, tres jueces pronunciaban las sentencias
correspondientes a cada alma; los justos se dirigían hacia la abertura derecha
del cielo con una inscripción en el pecho que declaraba sus méritos, los
injustos descendían por la abertura izquierda de la tierra con sus acciones
inscriptas en la espalda.
Pero por el otro orificio de la tierra salían los que
ya habían purgado sus castigos, llenos de polvo y podredumbre; y aquellos que
trataban de salir, sin haber cumplido su condena aún, eran rechazados y
maltratados por los guardias. Por el segundo orificio del cielo bajaban quienes
ya habían cumplido su tiempo en él, con el cansado aspecto de los viajeros pero
con signos de haber gozado de los bienes y del éxtasis celestial.
Todos juntos se reencontraban en una pradera y
relataban lo vivido en esos mil largos años de viaje. Los relatos más terribles
correspondían a los del inframundo pues contaban los males padecidos y los que
vieron padecer a otros.
Bajo una luz brillante se encontraban la diosa
Necesidad y las tres Moiras: Laquesis,
que canta las cosas pasadas, Cloto, que canta las presentes y Atropo, que canta
las futuras. Allí se repartían en suerte los turnos para elegir nuevas vidas, y
si bien eran más las vidas que los vivientes, quien elegía último corría con
desventaja. Las vidas a elegir eran variadas, de tiranos todopoderosos, de
animales, de héroes “deportivos”, de personas comunes, etc.
Pero ¿qué vida elegir?. Un sagrado heraldo advertía
sobre el peligro de una mala elección; la virtud podía ser poseída en mayor o
menor grado según se la aprecie o desdeñe.
Quienes elegían con más cuidado, habían
padecido el mundo subterráneo, en cambio quienes gozaron de los placeres
del cielo lo hacían despreocupadamente. Las mejores vidas eran las que
conducían al alma a ser más justa y las peores las que conducían al alma a
cometer mayores injusticias. Odiseo es quien elige último, el astuto héroe,
retiene para sí la existencia de un hombre común. Finalmente todos tomaban agua
del Leteo, y eran arrojados a la existencia mortal.[1]
II
¿Porqué Platón usa un mito para referirse a la muerte?
Platón hace referencia continuamente a los relatos probables o argumentos “mítico”. Algunos comentadores consideran que el uso de los mismos se debe a la imposibilidad de manifestar ideas de difícil conceptualización. Platón hace un uso reiterado de estos en sus diálogos, los cuales manifiestan sus ideas centrales. Es probable que lo haga ante la imposibilidad de expresar algunos temas fundamentales mediante el logos. O como dice Marcos, cuando se trata de dar razón del orden visible, imagen o símil de lo inteligible, no queda más que contentarse con un discurso o relato verosímil[2]. Piepper por su parte, considera que “la verdadera historia mítica, por el contrario, no habla sólo de algo indudablemente real; y sobre todo no mira algo distinto, sino que tiene que ver exclusivamente con lo que se expresa en ella misma, aún cuando esto pueda seguir siendo algo inalcanzable e indemostrable para la aprehensión racional”[3]. Droz, considera que, sin debilitar por ello la autoridad del relato, el mito verosímil (eikos mythos) es lo más plausible que el espíritu humano, en su flaqueza y a falta de algo mejor, puede decir. Lo que el devenir es al ser, lo verosímil a la verdad. La certeza de la verdad desaparece aquí delante de la conjetura de lo más verosímil. El mito tiende aquí hacia el modelo teórico hipotético.[4]
Sin embargo sería posible que este sea un
modo utilizado por Platón para difundir masivamente algunos conceptos, sin
necesidad de explicar abiertamente sus ideas, aquellas reservadas
exclusivamente para el ámbito de la Academia evitando así difundir sus
enseñanzas entre personas poco aptas para recibirlas. El uso del mito es un indicio más de un saber que no puede o no
quiere ser expresado.
¿Cuánto muestran del pensamiento platónico
los mitos que utiliza? Los relatos míticos que utiliza Platón, si bien no
siempre pueden tomarse literalmente, expresan con claridad sus ideas
principales, y no expresan ideas que Platón no acepte. Caso contrario,
debiéramos preguntarnos si Platón es un gran fabulador que disfruta inventando historias.
En el Timeo, por ejemplo, pone en
boca de Critias el relato de la Atlántida, que indudablemente se refiere a un
gobierno ideal semejante el planteado en la República,
y luego en boca de Timeo el relato posible[5]
del origen del cosmos.
En otros tres momentos del mismo diálogo,
Platón enfatiza y recuerda al lector el uso del mito o relato probable. En
ellos sostiene, que dada la naturaleza de nuestra condición humana no es
posible acceder a una explicación más acabada, pues ciertas cosas solo son
reveladas por los dioses, a los más amados.
Olivieri considera que el uso del mito es
característico de la oralidad, el mito compromete más que la tradición escrita,
lo escrito es un texto fijado, inmutable. Hay indudablemente una diferencia
entre la palabra escrita y la palabra hablada, pues esta última actúa sobre las
emociones de manera directa. El mito es una narración arquetípica con
cualidades dramáticas, y su función es revelar determinado paradigma.
Olivieri[6],
argumenta que podemos contraponer al uso explicativo – expositivo que hace
Platón del mito, el uso dialógico cuando aplica el método dialéctico. En la República,
el relato mítico es la culminación de la dialéctica. El Mito de la Caverna es
de carácter pedagógico y resume lo expuesto por la Imagen del Sol, que es de
carácter metafísico; tanto como lo expresado mediante el Esquema de la Línea,
cuyo contenido es de tipo gnoseológico. El método dialéctico desencadena el
mito. O como dice Reale el mito no esta subordinado al logos en si
mismo, sino que trata de estimularlo, fecundarlo y enriquecerlo.[7]
Entonces el Mito de Er es lo que armoniza
toda la argumentación dialéctica sostenida a lo largo de la República sobre
el valor de la justicia en la vida, reforzando el argumento con lo que ocurre
al alma en lo acaecido después de la muerte.
En el Político, Platón
pone en boca de un Extranjero lo es que un mito:
“Creo, sin
embargo, que hay algo que pasa inadvertido a la mayoría: que algunas
realidades, por su propia naturaleza comportan símiles sensible fáciles de
comprender, que pueden exhibirse sin mayor dificultad cuando se quiera dar, a
quien la pida, una explicación sobre alguna de ellas, sin ninguna complicación
y argumento; pero de las realidades más altas y valiosas, en cambio, no hay
imagen alguna nítidamente adaptada a los hombres; en tales casos, entonces si
se quiere contentar al alma de quien pregunta, no hay posibilidad de señalar
algo sensible que corresponda a tal realidad y que bastaría para complacerla.
En consecuencia, es imprescindible ejercitarse para poder dar y recibir razón
de cada cosa. Pues las realidades incorpóreas, que son las más bellas e
importantes, pueden mostrarse con claridad sólo valiéndose de la razón y por
ningún otro medio; y es a ellas, sin duda, a las que apunta lo dicho hasta el
momento.”[8].
Nuevamente
se habla respecto de las dificultades que presenta la enseñanza de las verdades
últimas, así como de la necesidad de una larga ejercitación, de un público capacitado como oyente y de
contentar al alma de quien pregunta.
Respecto del uso de los mitos, Reale, hace algunas observaciones: en primer lugar es a partir del Gorgias en adelante que Platón da una singular importancia a los mitos. En segundo lugar el mito para Platón tiene otros significados[9], como por ejemplo, el de ser una historia como es el caso del Timeo, en donde, dadas las dificultades del problema cosmológico, Platón sostiene que no es posible dar razones verdaderas, sino razones probables. Y por lo tanto usa el mito en el sentido de una historia probable.
En tercer lugar, a criterio de Reale, el uso de mitos se debe a las influencias órficas[10] y al predominante poder del componente religioso, el mito es una expresión de fe no solo de la imaginación. Los discursos filosóficos de Platón sobre ciertos temas escatológicos, adquieren forma de fe racional. Al poder de la fe, o sea al poder del mito, Platón confía el objetivo de elevar al intelecto humano a un ámbito superior de visión intelectual, al de la razón puramente dialéctica.[11]
Consideramos también, que Platón no quiere hacer público el contenido más fundamental de sus enseñanzas, pero que sin embargo quiere influir sobre aquellos que pudieran tener una inclinación hacia la filosofía. Es por ello que el mito es usado intencionalmente para no revelar lo que está reservado para unos pocos o sea el conocimiento contemplativo de las verdades últimas, o si se quiere, para poner un velo sobre ese saber último, así como para influir o persuadir a los posibles amantes de la sabiduría.
III
Alma, muerte, vida justa.
El tema del alma y de su supervivencia después de la
muerte, son temas mistéricos, relacionados con el más allá y con las verdades
últimas, lo que de acuerdo con lo visto, los hace apropiados para su
tratamiento a través de relatos míticos.
En el caso específico del mito de Er, Platón expone a
sus lectores la idea del alma que sobrevive a la existencia del cuerpo, la
presencia de un juicio en el que se reciben premios y castigos según la
conducta seguida durante la vida terrena, la elección de una nueva vida y la
consecuente encarnación en otro cuerpo mortal. La importancia de la vida en la
tierra radica en que las mejores, las más virtuosas, acompañadas del conocimiento,
serán las que elijan apropiadamente su vida futura.
Szlezák afirma que
Platón al hablar del alma, se silencia. Son múltiples los pasajes que
ejemplifican esto. En Timeo se establece una estrecha relación entre
cosmología y doctrina del alma. En Fedro 270 c, Platón dice que no puede
conocerse el alma sin conocerse el Todo. En el mismo diálogo, en 246 a 4-6,
habla de la inmortalidad del alma y de su configuración, y afirma que exponer
la estructura de esta llevaría a una larga y divina explicación y que por ello
sólo se limitará a decir a qué se parece. En República libro IV,
encontramos una teoría del alma con limitaciones. En Gorgias 491 e-492 c
habla del alma que permite conocer la Forma con la imagen del carro tripartito.
La estructura dicotómica del alma con el corte ontológico de la parte inmortal
o logistikón y las dos partes mortales, se expresa claramente - según
Szlezák - además de en Timeo y República, en Leyes 713 c y
Político 309 c, mientras que en el Fedón es claro que las ha
supuesto.[12]
En Fedro Platón se vale de la narración escuchada a Estesícoro de Himera para
hablar del alma, la encarnación y las consecuencias de la conducta recta. Este
relato presenta rasgos similares al de Er. Para explicar cómo es el alma
utiliza la imagen de los caballos alados, uno bueno y otro malo, guiados por
una auriga, eludiendo nuevamente una explicación racional[13].
Más adelante cuenta que el alma perfecta y alada, surca y gobierna el Cosmos;
iniciando así el relato de un viaje con los dioses en los que el alma del
hombre pierde las alas por no acceder totalmente a la contemplación de la
Verdad; encarnándose, según lo que haya podido atisbar de las Ideas, en
diferentes tipos de hombre. Quien más haya visto, se encarnará en un filósofo.
Aquel que haya llevado una vida justa es partícipe de un mejor destino, y el
que haya vivido injustamente, recibirá uno peor.[14]
Finalmente este hombre sin alas busca algo sólido en que instalarse
transformándose así en un mortal.
En el mismo relato menciona un período de diez mil años,
tiempo necesario para recuperar las alas perdidas y retornar al lugar de
partida del viaje celeste. Este período, se subdivide a su vez en períodos de
mil años, en los que el alma elige la vida humana que desea, a continuación de
un juicio que la sentencia al mundo subterráneo o al celeste. Después de tres
períodos de elecciones acertadas retorna al lugar en que las almas inician el
viaje con los dioses[15].
Advertimos, en líneas generales, semejanzas entre ambos relatos; en un
caso se enfatizan más los elementos
referidos al juicio y castigo, en el otro se detalla la contemplación de las
Ideas y las características del alma.
Los argumentos racionales que da Platón respecto de la
inmortalidad del alma se relacionan con el movimiento, en Fedro 245 c-d,
en Timeo 37 a-b, en Leyes 892-895 b; pero la explicación
exhaustiva respecto de la muerte y la vida extra mundana, la realiza
recurriendo al mito.
Según estos relatos ¿qué es la muerte?. La muerte es
una oportunidad. Es también una prueba.
Por un lado quienes gozaron una vida justa son premiados con los deleites
celestiales ratificando así la tesis de que la vida justa es mejor que la
injusta. Por otro es la oportunidad para contemplar la verdad, para elegir con
corrección la próxima vida, mostrando así que tipo de conocimiento se adquirió;
también es la oportunidad para descubrir que clase de persona se es. Es la
ocasión para que el alma recupere su alas, para que recupere su esencia. Es el
momento para elegir una próxima vida acorde al bien y la virtud, es la
oportunidad de aprender lo que no se aprendió en la vida terrena.
Dos últimas reflexiones respecto de lo contado por Er.
La elección de Odiseo, el más astuto de los héroes griegos, es la más llamativa
pues quiere reencarnar en un hombre común. Platón parece sugerirnos que la vida
más alejada del éxito, los honores, el poder y la gloria es en realidad la
única que puede conducir al hombre a la virtud, al bien y al conocimiento. La
segunda reflexión se relaciona con que aquellos que sufrieron los tormentos en
el inframundo o vieron padecerlos a otros son quienes eligen con mayor esmero
su próxima vida, y no ocurre lo mismo con quienes descienden del mundo celeste,
que deberían ser los más preocupados por volver a él. Quizás la sugerencia sea
que el dolor y el sufrimiento, si bien no son deseables en sí mismos, son
mejores maestros.
IV
Platón utiliza la narración de Er para finalizar la República
porque contrapone un relato mítico a toda su exposición dialéctica, contrapone
la fe a la explicación racional, con el fin de facilitar al otro la
contemplación de las Ideas. Al tratar éste sobre la muerte y las verdades
últimas, Platón no desea sino sugerir una respuesta, capaz de ser develada por
almas preparadas a lo largo de muchos años, amantes de la verdad y del saber.
El beneficio que reporta una vida justa elegida
gracias al conocimiento buscado, queda claramente ilustrado mediante este mito.
¿Podríamos inferir otras conclusiones respecto de la
concepción de la muerte para Platón como hombre? El ser humano se diferencia de
los demás animales en que si bien morirá como los demás tiene conciencia de
ello, lo que lo lleva a reflexionar respecto del tema. La experiencia de la
muerte del otro, vivida dolorosamente, nos conduce a cuestionamientos sobre la
justicia y la vida después de la muerte. El vacío dejado por la desaparición
física del otro es una experiencia extrema de pérdida y fracaso, que sin
embargo se diferencia de la experiencia de la muerte propia, ya que en caso de
tener conciencia de la misma, es una experiencia particular, única, y a la que
nos enfrentamos en nuestra singularidad. ¿Puede ser diferente la impresión de
Platón al respecto? Cuando leemos el relato de los últimos momentos de la
injusta muerte de Sócrates, Platón nos trasmite una vivencia que trasciende el
tiempo y que semeja nuestra desazón e impotencia frente a la inexorable e
injusta muerte del otro. La revalorización de la vida justa llevada por su
maestro, también nos es sugerida a través del Mito de Er, como a través de la
argumentación de la República. Quizás estas analogías surgidas en parte,
de los diálogos, en parte de su autobiografía, expresada en la Carta VII,
no tengan la suficiente rigurosidad que el análisis filosófico exige, pero la
coherencia entre el accionar de Platón y su obra justifican plenamente la
reflexión.
Bibliografía
G. DROZ,
(1992) Los mitos platónicos,
Barcelona, Editorial Labor S.A., 1993.
G. MARCOS,
“Sobre la naturaleza dialéctica del relato verosímil del Timeo” en Revista Venezolana de Filosofía N° 35, 1997
G.
REALE,(1979) Storia della Filosofia Antica, II Platone e Aristotele,
Milano, Vita e Pensiero, versión consultada: II Plato and Aristotle, A History of Ancient Philosophy, Albany, State University Press, 1990.
F. J. OLIVIERI, “Aspectos del Mito en Platón” dictado dentro del
seminario “La cultura clásica y el
mito” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, durante los meses de abril a
julio de 1999.
PLATÓN, Diálogos,
Madrid, Gredos, 1992. Fedro, tomo III, traducción de E. Lledó Íñigo; República,
tomo IV, traducción C. Eggers Lan; Político, tomo V, traducción M. I.
Santa Cruz; Timeo, tomo VI, traducción F. Lisi; Carta VII, tomo
VII, traducción J. Zaragoza.
PLATÓN, Platonis Opera,
recognovit brevique adnotatione critica instruxit Ioannes Burnet, Oxonii,
typographeo clarendoniano, tomus I, II et IV, 1901.
PLATONE, Mito
di Er, Firenze, Vallecchi Editore, introducción, comentarios y traducción
de Lorenzo Giovannacci,1952
J. PIEPPER, (1965) Sobre los mitos
platónicos, Barcelona, Herder, 1984.
T. A.
SZLEZÁK, (1991) Leer a Platón, Madrid, Alianza, 1997.
[1] Platón, Diálogos, tomo IV, Madrid, Gredos, 1992, traducción de C. Eggers Lan, 614 b.
[2] G. Marcos, “Sobre la naturaleza dialéctica del relato verosímil del Timeo” en Revista Venezolana de Filosofía N°35, 1997.
[3] J. Piepper, Sobre los mitos platónicos, Barcelona, Herder, 1984, pag 27
[4] G. Droz, Los mitos platónicos, Barcelona, Editorial Labor S.A., 1993, pag. 119.
[5] Platón, op. cit, tomo VI, 29 d 2.
[6] Olivieri, “Aspectos del Mito en Platón” seminario dictado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, desde abril a julio de 1999.
[7] G. Reale, Plato and Aristotle, A History of Ancient Philosophy, Albany, State University Press, 1990, pag 30.
[8] Platón, op.cit, tomo V, trad. M. I. Santa Cruz, 285 d – 286 b.
[9] Reale, op.cit., pag 31-32
[10] Giovannacci señala la influencia del Orfismo en los mitos escatológicos y en particular en el que nos ocupa. Ver: Platone, Mito di Er, Firenze, Vallecchi Editore, 1952, introducción, comentarios y traducción de Lorenzo Giovannacci.
[11] Reale, op.cit., pag 30-31
[12] T. A. Szlezák: Leer a Platón, Madrid, Alianza, 1997, pag 100 – 111.
[13] Platón, op. cit, tomo III, 246 a –b, trad. E. Lledó Iñigo.
[14] Platón, op.
cit, tomo III, 248 e 4-6
[15] Platón, op. cit, tomo III, 246 c – 250 d