según los cap. 7-8-9 del Libro Z de la Metafísica de Aristóteles
por Adriana Tedeschi
I
La Metafísica y el Libro Z
Es casi remanido recordar que los catorce libros que componen la obra que, gracias a Andrónico de Rodas, conocemos bajo el nombre de Metafísica, no tienen la suficiente unidad interna como para entenderlos como una obra escrita tal como se nos presenta.
Podemos distinguir tres núcleos de unidades temáticas compuestos por:
Considerando la coherencia interna de la obra, los cuatro que ofrecen más dificultades sobre el lugar que ocupan son: el II -a, que se asemeja a un tratado de física; el V -D, especie de diccionario filosófico; el XI -K, extracto de libros de la Metafísica y de la Física; el XII -L, acerca de la ousía suprasensible.
Tomás Calvo Martínez, en la Introducción a la Metafísica, pone de relieve la imposibilidad de determinar un orden cronológico dentro de la obra. Entiende, en cambio, que sí se encuentra un orden lógico, que nos remite a la obra tal como la conocemos, fruto seguramente de distintas inserciones, pero que finalmente alcanza el mejor de los órdenes posibles. Dada esta problemática, consideramos oportuno hacer una breve mención al libro que nos va a ocupar, el Z y a su relación con los 13 libros restantes.
El libro Z constituye una unidad con el libro H, centrados en el análisis de la ousía sensible. Este análisis, según expresa Aristóteles en Z, 2 tiene el sentido de conducir a la comprobación de la existencia o no, de las entidades suprasensibles. A la unidad de Z-H se suma el libro Y dedicado al estudio de la potencia y el acto, con explícitas referencias a Z-H.
Los libros que pueden vincularse a Z son: el libro V -D, dado que se trata de un análisis de los términos fundamentales de la Metafísica y el libro X -I, que dentro del problema de la unidad y categorías afines, hace referencia a Z como las "discusiones sobre la sustancia".
Con respecto a la intención por la cual Aristóteles se ocupa del estudio de la ousía sensible, cabe mencionar a la interpretación de Jaeger, en el sentido que quizá los libros ZHY no formaban parte del plan original para su tratado sobre la "filosofía primera", sino que fueron insertados con posterioridad, dado que el esquema de los problemas de la metafísica de B no incluye la conformación de una teoría general de la sustancia de ZHY.
La teoría de la ousía sensible, elaborada a partir de las realidades empíricas, parece entonces, ser la base de la teoría de los motores suprasensibles. "Nos hemos habituado a pensar en este concepto como la simiente de la que se desarrollaron en la mente de Aristóteles los múltiples sentidos del ser como una flor; pues ¿no abraza, en efecto, tanto el acto puro del pensamiento divino, cuanto aquellas formas inferiores de la naturaleza cambiante que están sujetas al devenir y la disolución, y no es Aristóteles quien estudió el ser en cuanto tal, libre de la necesidad de encerrarse en el ser absoluto y capaz de incluir en sus investigaciones el ser de toda suerte de cosas, incluso de las abstracciones del entendimiento? Esto es lo que hace realmente la forma final de la Metafísica, y lo que nos ha traicionado llevándonos a suponer que aquel concepto no pudo alcanzarse de otro modo".
II
Unidad de los cap. VII, VIII y IX; su relación con el resto del Libro Z
El libro Z , generalmente conocido por "acerca de la ousía sensible", se divide en 17 capítulos y aunque Z contiene un desarrollo del tema de la sustancia, se entiende que no estamos frente a una exposición original, sino a un registro de diferentes cursos de Aristóteles.
Z 1 puede considerarse introductorio a la problemática general del libro, ofreciendo un primer acercamiento a la vinculación entre ser y ousía . En Z 2, aparece una crítica doxográfica, donde se alude a otras concepciones filosóficas de la ousía. La parte lógica del problema de la ousía es investigada en Z 3-6 y Z 10-15. Y la ousía desde el punto de vista de la física, es analizada en Z 7-9 y Z 17. De modo que encontramos, de acuerdo a Grayeff, tres cursos sobre la ousía que se combinan en Z: una crítica doxográfica, una lógica y una ontológica o, mejor, un curso de física básica.
Dentro del libro Z, los cap. 7, 8 y 9 se ocupan del tema del devenir de las cosas individuales. La vinculación más importante de estos cap. remite a Z 3, donde por única vez Aristóteles trata el tema del sustrato, por lo cual según Stone Haring la posición de Aristóteles en Z 7-9 es un refinamiento de Z 3.
Los tres cap. contienen explicaciones de la doctrina de la ousía inmanente; donde resulta evidente tanto la importancia de la forma como también la necesidad de un sustrato material. Z 7 se ocupa de la generación natural y artificial, distinguiendo una materia o "de qué", una forma o "por qué" y un compuesto o "qué". Z 8 además de reforzar la explicación de Z 7 analiza materia y forma en cuanto ingeneradas. Resalta este atributo de la forma, porque ya se presume en él futuras distinciones críticas al platonismo. Z 9 resume exposiciones de 7 y 8; se dan explicaciones sobre la generación artificial y espontánea y también se alude a las nociones de acto y potencia.
Mirando a la sección entera Z 7-9, no hay dudas que es una unidad autosuficiente, si bien no completa. Según Grayeff, parece faltar el primer y último el párrafo; además, mientras otras secciones de Z o de la Metafísica, empiezan con un "hablemos de", "investiguemos", "hay una dificultad", o "es manifiesto", Z 7-9 comienza abruptamente con la primer premisa del propio argumento. En correspondencia, los cap. no cierran con una sumaria síntesis de sus contenidos, como muchas secciones lo hacen, ni hay enlace que los conecte con Z 6 o Z 10; por todo esto, parecen ser independientes dentro de Z.
El último cap., Z 17, ofrece también, como ya se expresó, un tratamiento físico al tema de la ousía. Pero sorprendentemente, muestra una nueva dirección en el análisis de la ousía, resultando sus conclusiones bastante alejadas de los cap. 7/9 . Probablemente Z 17 fue originalmente otro curso, dado que ofrece su propia versión de la doctrina de la ousía inmanente, donde se remarca el concepto de causa formal y se lo identifica con el concepto de tò tÛ ·n eänai o la esencia.
III
Esquema e hipótesis de trabajo
Siguiendo el recorrido de los cap. 7, 8 y 9, nos ocuparemos, dentro del desarrollo del trabajo, de analizar las concepciones aristotélicas de:
- Naturaleza
- Ousía sensible
- Generación natural
- Carácter inengendrado de materia y forma
- Acto y potencia en la generación
Este trayecto de acercamiento al pensamiento de Aristóteles, tal como aparece en los cap. mencionados del libro Z, tiene como finalidad buscar fundamentar que, dentro del orden empírico y sensible, tanto materia como forma son responsables de la generación de los individuos concretos. Entendemos que esa responsabilidad compartida puede implicar compromisos diferentes, pero no diferencias jerárquicas.
Es sabido que, en el orden metafísico y ontológico, Aristóteles se expresa claramente acerca de la prioridad de la forma, considerándola como la manifestación más plena de la ousía. Pero en el plano físico, esta prioridad parece desdibujarse, dado que es la materia la que da posibilidad o no a la existencia del compuesto y es, además, la responsable de las determinaciones de cada individuo.
Sostenemos entonces que dentro de la realidad sensible, las relaciones entre materia y forma se dan sobre la base de una mutua dependencia, descartando cualquier superioridad de una sobre la otra. En realidad, la separación entre materia y forma, dentro del mundo fenoménico, es sólo posible mediante la especulación abstractiva y revela sobre todo, la intención de Aristóteles de dotar a la realidad de una estructura compleja, es decir, lo que experimentamos y vemos es más que materia, es materia y forma en íntima unión.
Dentro de las reflexiones con las cuales concluirá el análisis, haremos referencia acerca del notorio alejamiento y explícita crítica que reviste esta concepción aristotélica en relación a la filosofía platónica.
IV
Concepción de "naturaleza" según Aristóteles
La palabra phýsis tuvo la significación, desde los orígenes del pensamiento filosófico griego, no de la ciencia especial que hoy conocemos, sino de una ciencia que abarcaba la comprensión de la realidad toda: desde los astros del mundo supralunar hasta el más pequeño organismo del mundo sublunar. La herencia presocrática se vincula a la teoría que las cosas provienen y se fundan en la phýsis, encontrando en ella la explicación para los cambios perceptibles. Además del pensamiento filosófico, la medicina, que en los siglos anteriores a Aristóteles había alcanzado un gran desarrollo, también se interesa en el estudio especulativo de la phýsis, como fuerza bajo cuya acción se encuentra el microcosmos humano.
Resalta el esfuerzo de Aristóteles, opuesto al realizado por Platón, por ordenar y clasificar los movimientos fenoménicos desde sus propias condiciones de inteligibilidad, "el empeño en hacer de los fenómenos de la phýsis el objeto de la ciencia fundamental de la filosofía, hasta el punto de que cualquier otra especulación ha de partir de ella, incluso la prote philosophía". Aristóteles elaborará su idea de phýsis buscando una explicación para el problema del cambio entendiendo que el movimiento es, en todas sus formas, la manifestación de la naturaleza de las cosas.
En esta idea de naturaleza hay influencia de los presocráticos jónicos que entendían la phýsis como aquello que internamente constituye a las cosas y que en sus diferentes manifestaciones constituye el mundo sensible. Hablaban de lo que podemos llamar un primordium material. Aristóteles se acerca a esta concepción al entender a la naturaleza como una materia, pero como fruto de su formación académica, la entenderá como materia conformada, es decir materia con forma. El conocimiento de la naturaleza deberá transitar, entonces, desde las manifestaciones empíricas, "lo menos cognoscible", hasta la estructura que hace que las cosas alcancen sus diversas realizaciones, "lo más cognoscible".
En el libro V -D-, Aristóteles precisa el significado de naturaleza: primero como "la generación de lo que crece", las cosas naturales; segundo como "el principio constitutivo a partir del cual crece lo que comienza a crecer, el origen de donde arranca el movimiento primero de todo ser natural, origen inmanente a ese ser en cuanto él mismo", la forma; tercero, en tanto "material primario desordenado e incapaz de experimentar un cambio que lo haga salir de su propia potencia, del que es o se engendra cualquier objeto natural", la materia; cuarto, como "la ousía de los seres naturales". De estos varios sentidos resalta Aristóteles que "de todo lo dicho, resulta que naturaleza en sentido primero y propio es la ousía de los seres que tienen en sí mismos el principio de movimiento. "
Encontramos entonces que, en concordancia con al Libro II de la Física, Aristóteles considera naturales tanto forma como materia, entendiendo que "tenemos que estudiarla de la misma manera que si investigásemos qué es lo chato en una nariz; porque el objeto de nuestro estudio no son cosas carentes de materia ni tampoco cosas exclusivamente materiales.
V
¿Qué son las realidades sensibles?
Recordamos que el Libro Z se inicia con la famosa afirmación aristotélica acerca de que "Ser [tò ön] se dice de múltiples maneras", donde una de las maneras del ser es la ousía o "realidad" y a su vez, una de las formas con que se identifica esta "realidad" es su condición de ser determinado y separado.
A su vez, en el cap. 2, Aristóteles entiende que "parece que se admite que la realidad corresponde manifiestamente a los cuerpos (y es por eso que decimos que son realidades los animales, las plantas y sus partes, y también los cuerpos físicos tales como fuego, agua, tierra y los restantes, así como cuanto es parte de ellos o está constituído por alguno de ellos o por todos, como el universo físico y sus partes, los astros, la luna y el sol)"
En Z, 16, Aristóteles delimitará con más precisión acerca de "la mayor parte de las consideradas comúnmente realidades" y entiende que no pueden ser tales ni las partes de los animales, que separadas son sólo materia, ni la tierra, el fuego y el aire, dado que no constituyen una unidad sino un conglomerado antes de constituir una realidad generada. Por lo tanto, entre los seres materiales, sólo los llamados "esto" o tóde ti son realidad, dado que son los que conforman un algo determinado con cierta unidad y a la vez con la independencia propia de los seres vivientes.
Por lo tanto, según Reale, "para el empírico y verificable punto de vista está claro que el synolon o el individual concreto parece ser sustancia de manera eminente". Sin embargo, acotamos que el compuesto es una especie de unidad, pero no homogénea. No es algo en virtud de "si mismo", no tiene, por decirlo de alguna manera, un único "si mismo" . En verdad, el individual no está dotado con plenitud de las dos condiciones que definen la ousía: la total determinación y la existencia separada. Cierto que dentro de las especies naturales, el individuo, tiene existencia separada, pero se distingue por sus accidentes, que son contingentes y no esenciales. De modo que habrá que considerar al individual concreto ousía por defecto, dada su sujeción al cambio y a vicisitudes que se alejan de la actualidad pura cuanto más agravada por materia se encuentre.
VI
La generación natural
Aristóteles inicia Z 7 refiriéndose a la generación natural, donde destaca, dentro de la extensión del significado de "naturaleza" : "aquello en donde las cosas se generan", la materia, "aquello por lo cual son generadas", un ser natural portador de una forma que se reproduce en otro, y "el algo" o ousía en sentido primordial.
En este "algo" o realidad primordial, aparece la materia como base necesaria para la generación, es decir que, para la realidad sensible, representa "la posibilidad tanto de ser como de no ser". En la conformación de la ousía sensible la materia es donde se asienta el proceso de generación natural.
Si partimos de aceptar que la intención de Aristóteles es acercar la generación artificial a la natural, con el fin de hacer más comprensible el proceso, podemos establecer algunas analogías entre ambas. Así se observa que lo que opera en toda generación es por efecto de una causa, a partir de algún sujeto y conduce a algo determinado. La causa eficiente es formalmente idéntica al ser engendrado: "el hombre engendra al hombre". También en la producción artificial, el principio eficiente es de la misma especie que la cosa producida: la medicina puede producir la salud en un cuerpo enfermo porque partirá de un movimiento que va desde aquello que el médico puede producir para que el enfermo pase de la privación al restablecimiento de la salud. En este caso, la causa formal es una causa sin materia, igual que en la construcción, la casa sin materia está primero en la mente del arquitecto. Aquí identifica Aristóteles la forma, la salud y la casa, con la "realidad que carece de materia" y a ésta con lo-que-es o esencia.
Parecería que, a diferencia de la generación natural, en la artificial encontramos en el principio una forma sin materia. Mansión entiende que no se trata que la salud y la casa se encuentran en el espíritu de quienes la piensan como una representación, dado que esto supondría una confusión grosera en Aristóteles entre el orden del pensamiento y el de la realidad. Más bien habría que entenderlo como ejemplo del proceso de poseer conscientemente un objetivo a alcanzar y su realización. En realidad es el movimiento el común denominador entre ambas generaciones, al que podemos pensar como un esquema dinámico según el cual sobre una materia se realiza una forma, dando por resultado un algo semejante a esa forma.
En la generación artificial hay, entonces, una forma que en su movimiento, tiende a la realizarse en una materia, por lo que se puede decir que en sus manos está la dirección y la ejecución de la generación. Parece que la materia es necesaria, pero no es primera en el orden cronológico. Es posible encontrar un principio de similitud entre las dos clases de producción, ya que según Mansión para ambas el punto de partida y el punto de llegada es a la misma esencia, el hombre engendra al hombre como la salud engendra la salud. La diferencia es que en el caso del arte, se parte de una esencia representativa, que no existe en el caso de la generación natural; el ejemplo de la generación artificial parece tener como finalidad graficar más claramente el carácter directriz de la forma.
Sobre la última parte de Z 7, Aristóteles retoma la necesariedad de la preexistencia de la materia, ya que "toda generación sería imposible si no hubiera algo preexistente". Materia y forma son parte del enunciado, así en el caso de las esferas de bronce, nos referimos mencionando tanto su materia como su forma. Pero en realidad, al decir de bronce, se alude a una derivación, a algo que ha sido modificado, dado que "no podrá decirse en modo pleno y absoluto, que la estatua se genera de la piedra ni la casa de los ladrillos, porque aquello a partir de lo cual ellas se generan debe cambiar y no permanecer como era".
A manera de síntesis acerca del tema que nos ocupa, la generación natural, podemos decir que en este cap. Aristóteles subraya mediante distintos ejemplos, la necesariedad tanto de la preexistencia de la materia, como de un proceso dinámico que, bajo la dirección de la forma, encuentra su realización en una nueva entidad.
VII
Carácter inengendrado de materia y forma
Entiende Aristóteles que, por ej. en el caso de la esfera de bronce, nadie produce ni la materia, el bronce, ni la forma, la esfera. Con respecto a la materia, su afirmación resulta bastante más evidente para nuestra experiencia que con respecto a la forma. El argumento aristotélico se apoya en que si la forma tuviera que ser engendrada se produciría una duplicación que llevaría las generaciones al infinito. Lo que el artista genera, no será entonces ni la esfera ni el bronce, sino que impone una forma esférica a una materia dada.
"De lo dicho resulta bien claro que <a> que se denomina "forma" o "realidad" no se genera; en cambio, lo que sí se genera es el compuesto, que toma de ella su nombre y <b> que en todo lo generado está contenida una materia, y que <c> lo generado es por un lado materia y, por otro, forma".
Aristóteles pasa ahora a preguntarse si tenemos que admitir la existencia de la esfera, fuera del bronce, o de la casa, fuera de la construída. A esto nos da una respuesta negativa, cuya explicación según Mansión consiste en que lo que se comunica por la generación, no es toda la sustancialidad, sino solamente su aspecto formal. A su vez, este aspecto formal no se encuentra aislado de la materia, como lo expresaban los platónicos. El principio activo de la generación de los seres sensibles no es sustancia en tanto forma, sino un ser determinado, un "esto", a partir de cuya acción la materia es transformada en un sentido determinado. Es entonces un compuesto de materia y forma el que reproduce sobre otra materia la organización de su propia constitución.
El exámen de la relación materia-forma en la generación ha puesto de relieve la inseparabilidad de esos principios de la sustancia sensible. La ousía sobre el orden sensible es una materia determinada por una forma, sus dos principios son correlativos y por consiguiente insuficientes el uno sin el otro para fundar la realidad.
VIII
Acto y potencia en la generación
Z9 responde, aclara y refuerza alguna de las teorías expuestas en Z 7 y 8. Al comienzo se vuelve a la generación espontánea, que en el cap. 7 había sido apenas mencionada, estableciendo como diferencia, en relación con la artificial, la capacidad de movimiento de la materia de esta generación. Así, mientras en el caso de la producción por arte se requiere del que posee el arte para la ejecución de su realización, por ej. la casa, en el caso de las cosas que pueden tener movimiento, por ej. la salud, la materia puede iniciar su propio movimiento o podrá ser movida por agentes que no poseen el arte.
Se reafirma el que todas las cosas, tanto naturales como artificiales, se generan a partir de un homónimo o de una parte homónima. En el caso de los compuestos naturales, tomando el ejemplo de la semilla, Aristóteles hace referencia a que ésta contiene la forma en potencia dentro de sí misma.
También se vuelve a expresar que la forma no se genera, preexistiendo no sólo en el caso de la ousía, sino también en las otras categorías. No son ni el qué es, ni la cantidad, ni la cualidad lo que se genera, sino un "esto" que posee tal cantidad o tal cualidad. Aparece entonces como propio de la ousía la necesidad "que preexista siempre otra realidad en acto" mientras que para " la cualidad o a la cantidad, no es necesario que preexistan en acto, sino que es suficiente que preexistan en potencia". En este punto Aristóteles parece distinguir entre la generación propiamente dicha, en la cual la ousía debe preexistir necesariamente en acto, por ej. en el padre, mientras que tanto en el ser generado, como en la cualidad o cantidad, es suficiente con que la ousía preexista en potencia.
"Así pues, la definición principal de la potencia, en su sentido primario, será: principio productor de cambio en otro, o <en ello mismo, pero> en tanto que otro"
IX
Conclusiones
Se ha visto que dentro del devenir de las realidades naturales, forma y materia revisten una decisiva importancia en la presentación aristotélica de los cap. 7-9. Sin embargo, siendo ambas causa de la generación, cada una resulta incompleta: la forma no existe por sí y la materia por sí es indeterminada. Por sobre materia y forma, el individual tiene existencia propia y es determinado, con lo cual parece exhibir cierta superioridad sobre materia y forma. Según Stone Haring la existencia y la naturaleza de lo individual son respectivamente materialidad formalizada y formalidad materializada. La significación metafísica de la generación es que fuerza la invocación de ambas, materia y forma, como factores explicativos y en última instancia se las puede considerar como opuestos polares pero complementarios.
En páginas anteriores expresamos que materia y forma no tienen, en la conformación del compuesto, diferencias jerárquicas, pero sí pueden asumir compromisos diferentes. La forma no deviene por sí misma, siendo considerada en el mundo natural como un "eso" por no tener realidad de hecho. Se transmite mediante un agente causal que, siendo poseedor de una forma en acto, comunica en otra materia la forma en potencia.
La materia como ya se dijo, es indeterminada, tiene un estado de potencialidad del que nunca pasará sin una forma que la actualice. Su función es dar cabida a la forma para producir seres vivientes: la materia es la posibilidad de la vida en nuestro mundo.
Reviste especial centralidad el tema del movimiento, por el cual a la ousía sensible le es permitido pasar de la potencia al acto. Es el movimiento el que unifica a las dos partes causales del ente cambiante y el que hace posible el proceso de una nueva generación. La materia, en el sentido del material del que algo está hecho y también entendida como sustrato indeterminado, no es un dato empírico, sino una suposición necesaria en nuestra conceptualización del cambio. En cuanto a la forma, no hay que entenderla como algo que se agregue a la materia: para Aristóteles, el principio formal es de algún modo deducido del propio sustrato material, al menos en el caso de los seres naturales. Estos dos principios constituyen al ente como una articulación de lo potencial y lo actual; tanto a la materia como a la forma hay que entenderlas como principios conceptuales mediante los cuales podemos explicar y conocer la realidad.
Cabría ahora preguntar de qué manera Aristóteles retoma, en los puntos de nuestro interés, para luego descartar, la herencia filosófica de sus antecesores. Entendemos que continua los pasos de Platón, en el sentido de analizar con creciente complejidad al mundo físico, pero se aleja y critica a las Ideas, al menos como principios separados de causalidad de este mundo.
Recordamos escuetamente que según el Timeo, la estructura de la realidad es de un orden que escapa a los cuatro principios elementales de los presocráticos. Es cierto que este mundo al que pertenecemos es agua, tierra, aire y fuego, pero la verdadera estructura de los elementos, que permite la mutación constante de unos a otros, se explica por el orden geomético-matemático. No se trata de un orden acabado, sino de un estado que presenta anomalías y desequilibrios. Esta estructura del mundo empírico ejemplifica la relación modelo-copia, ya que en el verdadero mundo tiene existencia un "en sí" perfecto de cada elemento, del cual el observable es apenas una copia degradada. No hay en el cosmos inmanencia alguna de las Formas, sino que éstas se revelan trascendentes al orden físico.
Aristóteles, en Z 8, hace una explícita crítica a la teoría de la Ideas cuando remarca que lo que se genera es el compuesto, no la forma ni la materia, donde se adelanta a la vinculación que puede hacer el lector con la Forma platónica, que también posee el calificativo de ingenerada. Aclara entonces que la existencia de las Formas fuera de los individuos "carece de toda utilidad para dar razón de las generaciones y las realidades; y, además, por estos motivos, tampoco podrían ser realidades subsistentes por sí mismas".
La Idea platónica es fisicalizada por Aristóteles al hacer de la Forma la constitución interna de las cosas, entonces el Ser deviene en los múltiples sentidos del ser, irreductibles en sí mismos, salvo a la unidad por analogía. Y dentro del mundo físico, el sentido del ser nos remite a la ousía. La ontología tendrá como objeto el estudio de la conformación interna de las cosas, que es lo que hace hacer a las cosas en sus diversas realizaciones. Es así como se debe entender su teoría del movimiento.
Aristóteles nos abre "la posibilidad de una doble consideración de los phýsei ónta: por una parte, atendiendo a su mera entidad, le ha permitido proyectar una ciencia aparentemente nueva, la del ente en cuanto ente entendido como substancia (ousía); y por otra parte, atendiendo a sus cambios e interacciones, le ha hecho posible reconvertir la física de sus predecesores en una ciencia de ese carácter común a todos ellos cual es el movimiento, no tomado por sí mismo sino desde el punto de vista de las estructuras físicas que lo fundan" .
Bibliografía:
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